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De la globalización a la desglobalización, y de ésta a la relocalización

Escrito por José Mompin Poblet el 10/01/2023 a las 13:19:34
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(Presidente de Honor de la Asociación Iberoamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET))

La globalización surgió entre las décadas de los 80s y 90s del siglo pasado. Con ello se pretendía la integración de las economías de todo el mundo, e a través del comercio y los flujos financieros. También incluía mano de obra barata y la transferencia de tecnología. Se creó con la idea de “ayudar” a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, si bien, también había oscuros intereses.…

 

La gran mayoría de elementos que nos rodean, desde el teléfono móvil hasta el calzado, los textiles, juguetes, pasando por los chips microelectrónicos o la mayor parte de los medicamentos, seguramente han sido diseñados en Europa o EE.UU. y fabricados en algún país asiático, en donde la mano de obra es/ era sumamente barata. Pero como veremos, vamos hacia la desglobalización, el proceso inverso a la globalización, que la pandemia del Coronavirus ha acelerado.

 

Alfredo Jalite-Rahm profesor de la Universidad de Baja California, niega las supuestas “bondades” de la globalización, pues los primeros beneficiados han sido los grandes capitales, mientras los perjudicados han sido los obreros de “cuello azul”. Señala que sólo el 20% de la población mundial (“plutocracia”), ha logrado aprovecharse de la globalización, mientras que le 80% restante permanece en la pobreza, desigualdad y destrucción del medio ambiente.

 

La globalización financiera ha conseguido la desregulación de los mercados, la especulación, la creación de “paraísos fiscales”, la contabilidad invisible y derivados financieros; es decir, beneficio para unos pocos, y escaso beneficio colectivo.

 

En la última década China se ha posicionado como nueva potencia mundial, detrás de EE.UU, transformándose en la “fábrica del mundo occidental”, exportando todo tipo de bienes, y con unas reservas de divisas internacionales, que supera el trillón de dólares, por lo cual, lo compra todo:  empresas, tierras, minas, infraestructuras, puertos marítimos de mercancías…

 

La pandemia acentúa la desglobalización

 

Los dos años de pandemia sirvieron para darnos cuenta del riesgo de depender de un solo fabricante (China, Taiwan, Korea, India…) de productos como mascarillas, respiradores, test, medicamentos, chips microelectrónicos la pandemia ocasionó la ralentización, o la paralización de cadenas de producción o montaje, lo que unido a la crisis de los fletes marítimos, tuvo a muchas empresas europeas sin componentes para las industrias automovilísticas, etc. En la actualidad se está repitiendo el desabastecimiento de chips, así como escasez de 150 medicamentos fabricados en India.

 

Relocalizar o producir más cerca

 

Carlos Dalmau, experto del Banco Sabadell es partidario de que, tanto Europa, como otras regiones deberían replantearse fabricar más cerca, una menor dependencia de terceros, y un mayor nivel de digitalización y conocimientos logísticos. Esto supone que muchas empresas se planteen una repatriación de sus centros de producción en el exterior (conocido como reshoring), o a países cercanos (nearshoring o regionalización).

 

Por otra parte, la automatización de muchas tareas, ha reducido la necesidad de mano de obra intensiva no cualificada. Por el contrario, se prefiere personal cualificado en Inteligencia Artificial, Big Data, Internet de las Cosas, etc.

 

¿Cuál sería el camino a seguir?

 

He aquí una serie de ideas que he tomado de diversos autores. La primera de ellas sería una desglobalización suave y reformada, lo que supone que siga existiendo la privatización, la eliminación de barreras, la liberación de los mercados y la apertura comercial, pero en una menor proporción, y con correcciones.

 

El segundo escenario lo constituye la regionalización con economía mixta y mayor regulación. Es decir, un estado-nación fortalecido. Como ejemplo ponen a la Unión Europea, que están intentado copiar en otras regiones del mundo. Por ejemplo, una de las grandes regiones lo constituiría Sudamérica, región que conformaría su propio banco regional y tendría una moneda común, posicionando a Brasil como líder económico, al igual que lo es Alemania para la UE.

 

Otra de grandes regiones sería el sudeste asiático, incluyendo a las grandes potencias económicas como Australia, Korea del Sur, China, India, Japón y Nueva Zelanda; un gran bloque que, tarde o temprano, dominará el mundo en términos comerciales y económicos. Esta clasificación ha sido formulada por el economista Jalite-Rahme, el cual se olvida de situar a EE.UU, México, Rusia o el continente africano.

 

Desde mi punto de vista los “bloques” podrían ser:

 

  • EE.UU.-México-UE
  • China-Rusia-India
  • Japón-Korea del Sur- Singapur-Taiwán
  • Australia- Nueva Zelanda
  • Sudamérica
  • África

 

Lo que está claro es que los gobiernos- y ahora me circunscribiré a la Unión Europea-, tienen que reaccionar, y evitar que volvamos a depender de lejanos países para suminístranos medicamentos, chips microelectrónicos o componentes para las industrias europeas de alto valor añadido, así como diversificar los proveedores de materias primas estratégicas.