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¿Qué está haciendo Japón en el liderazgo del 6G que marca la diferencia?

Escrito por Iwao Hosako, Ph.D. el 03/03/2026 a las 10:02:38
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(Head del Beyond 5G R&D Promotion Unit de NICT)

(English below)

 

Cuando hablamos de 6G, muchas veces la conversación se queda en la velocidad. ¿Cuántos gigabits por segundo alcanzaremos? ¿Cuánta latencia podremos recortar? Sin embargo, implica replantear cómo se diseñan y funcionan las redes. Estamos hablando de la base tecnológica sobre la que operarán empresas, industrias y servicios públicos en los próximos años. Y eso cambia mucho más que una cifra en un test de velocidad.

 

El 5G permitió avanzar en automatización industrial y servicios avanzados, pero también dejó en evidencia límites técnicos cuando se intenta desplegar inteligencia artificial autónoma a gran escala. Muchas aplicaciones críticas siguen operando con márgenes ajustados en latencia, fiabilidad y consumo energético. El 6G, desde la perspectiva japonesa, debe eliminar esos cuellos de botella y permitir distribuir dinámicamente a través de la red. La ambición es que un sistema quirúrgico remoto o un vehículo autónomo operen con latencias cercanas al microsegundo y con una fiabilidad prácticamente determinista.

 

En este contexto, Japón ha apostado por tecnologías como la exploración de frecuencias Terahertz y el desarrollo de arquitecturas fotónicas de extremo a extremo, como las impulsadas por NICT, que responden a una lógica y combinan rendimiento extremo con eficiencia energética radical. La reducción drástica del consumo es una condición para que la infraestructura digital sea sostenible en un mundo donde la demanda de datos crece exponencialmente.

 

La misma lógica se aplica a la resiliencia. La experiencia japonesa frente a terremotos y desastres naturales ha moldeado una cultura tecnológica que no acepta puntos únicos de fallo. Por eso el 6G se concibe como una red tridimensional, integrando de forma orgánica infraestructuras terrestres, satélites de órbita baja y plataformas estratosféricas.

 

Otro elemento diferenciador es la evolución conceptual de la red. Tradicionalmente, la infraestructura de telecomunicaciones se ha entendido como un canal de transporte de datos. En la visión japonesa, el 6G convierte la red en un sistema sensorial distribuido. A través de técnicas avanzadas de procesamiento de señal, la propia infraestructura puede detectar movimientos, cambios ambientales o alteraciones estructurales sin necesidad de desplegar sensores adicionales.

 

Por otro lado, la estrategia que sigue Japón y también NICT está alineada con el concepto de Society 5.0, que sitúa la innovación digital al servicio de retos sociales concretos. En un país con una estructura demográfica muy singular, el 6G es una herramienta para reducir distancias físicas, facilitar la atención remota avanzada y sostener la cohesión territorial.

 

En este escenario, la colaboración internacional adquiere una dimensión estratégica. Y es que Europa aporta una tradición regulatoria centrada en derechos y gobernanza; y Japón contribuye con una ingeniería orientada a resiliencia y eficiencia. Esa combinación puede definir un modelo alternativo basado en interoperabilidad y confianza.

 

En última instancia, el liderazgo en 6G sostendrá la capacidad de diseñar infraestructuras invisibles, robustas y energéticamente responsables. Japón marca la diferencia porque ha entendido que la próxima generación móvil es una cuestión de arquitectura estratégica.

 

(English)

 

What is Japan doing in 6G leadership that sets it apart from other markets?

 

Opinion article - Iwao Hosako, Ph.D., Head del Beyond 5G R&D Promotion Unit de NICT

 

When we talk about 6G, the conversation often focuses on speed. How many gigabits per second will we reach? How much latency can we shave off? However, 6G involves rethinking how networks are designed and operate. We are talking about the technological foundation on which companies, industries, and public services will run in the coming years. And that changes much more than a number on a speed test.

 

5G enabled advances in industrial automation and advanced services, but it also exposed technical limits when trying to deploy autonomous artificial intelligence at scale. Many critical applications still operate with tight margins in latency, reliability, and energy consumption. From the Japanese perspective, 6G must remove these bottlenecks and allow dynamic distribution across the network. The ambition is for a remote surgical system or an autonomous vehicle to operate with latencies close to microseconds and with near-deterministic reliability.

 

In this context, Japan has invested in technologies such as Terahertz frequency exploration and the development of end-to-end photonic architectures, as promoted by NICT, which follow a clear logic combining extreme performance with radical energy efficiency. Drastically reducing consumption is essential for digital infrastructure to remain sustainable in a world where data demand grows exponentially.

 

The same logic applies to resilience. Japan’s experience with earthquakes and natural disasters has shaped a technological culture that does not tolerate single points of failure. That is why 6G is conceived as a three-dimensional network, organically integrating terrestrial infrastructure, low-orbit satellites, and stratospheric platforms.

 

Another differentiating element is the conceptual evolution of the network. Traditionally, telecommunications infrastructure has been understood as a data transport channel. In the Japanese vision, 6G turns the network into a distributed sensory system. Through advanced signal processing techniques, the infrastructure itself can detect movement, environmental changes, or structural alterations without deploying additional sensors.

 

Moreover, Japan’s strategy, together with NICT, aligns with the concept of Society 5.0, which places digital innovation at the service of concrete social challenges. In a country with a very unique demographic structure, 6G is a tool to bridge physical distances, facilitate advanced remote care, and sustain territorial cohesion.

 

In this scenario, international collaboration takes on a strategic dimension. Europe brings a regulatory tradition focused on rights and governance, while Japan contributes engineering geared toward resilience and efficiency. This combination could define an alternative model based on interoperability and trust.

 

Ultimately, leadership in 6G will support the ability to design invisible, robust, and energy-responsible infrastructures. Japan stands out because it has understood that the next generation of mobile technology is a matter of strategic architecture.