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Ni siquiera una décima de la nota

Escrito por Alba Pagès el 12/12/2023 a las 10:38:56
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(directora de la ETSETB (Escola Tècnica Superior d?Enginyeria de Telecomunicació de Barcelona))

Una de las responsabilidades más gratificantes como directora de la ETSETB (Escola Tècnica Superior d’Enginyeria de Telecomunicació de Barcelona), la escuela Telecos BCN de la UPC (Universitat Politècnica de Catalunya), es presidir los actos de graduación de nuestros titulados. El pasado julio, en una de estas ceremonias de graduación, un estudiante nos deleitó con una brillante y divertida charla. En ella reconoció que algunos de los estudiantes ahí presentes habían elegido esos estudios, caracterizados por nota de corte de acceso muy alta, porque qué sentido tenía desperdiciar ni siquiera una décima de su calificación.

 

El comentario no debería haberme sorprendido. Ya intuía que la nota de corte, que es un indicador de la relación entre la demanda y oferta de los estudios, termina siendo el factor que buena parte de nuestros jóvenes tienen en cuenta de forma preminente al elegir sus estudios universitarios. No me refiero tan solo a cuando no escogen lo que les gustaría estudiar porque prevén que no obtendrán suficiente nota. La nota de corte también les condiciona cuando consiguen una calificación muy alta y pueden elegir prácticamente sin restricción alguna. En casos extremos, llega a suceder que optan por unos estudios con nota de corte alta en lugar de cursar lo que realmente les gusta. Éste es el caso de la hija de un colega con nota superior a 13 y que estaba reconsiderando su intención de estudiar telecos para estudiar medicina.

 

Los que nos dedicamos a la enseñanza universitaria tenemos claro que tener una nota de corte suficientemente alta en una titulación con un elevado número de plazas de acceso es difícil, pero muy importante para atraer buenos estudiantes. Es más, la nota de corte suele retroalimentarse cada año tanto positiva como negativamente, y esto justifica el empeño de los centros docentes universitarios en tareas de promoción. ¿Y por qué en telecomunicaciones necesitamos estudiantes con nota suficientemente alta? Pues porque, estadísticamente, los que ingresan en las titulaciones de la escuela con notas bajas no progresan en los estudios como deberían o directamente los abandonan. Estas situaciones no generan más que frustración, un mal uso de los recursos públicos, y dejamos de formar los ingenieros e ingenieras que la sociedad nos demanda.

 

La promoción de las titulaciones de telecomunicaciones la realizamos en distintos ámbitos, desde el fomento de las STEM en edades tempranas, con especial énfasis en las niñas, hasta talleres y charlas para estudiantes de la ESO y bachillerato. En las jornadas de puertas abiertas resaltamos que la tasa de ocupación de nuestras titulaciones es prácticamente del 100%, y que el abanico de salidas laborales y ámbito de aplicación de la ingeniería de telecomunicación son mucho más amplios de lo que a priori puedan pensar. También explicamos que nuestros currículos combinan el rigor científico con una práctica experimental de calidad, y cuentan con un itinerario de asignaturas de proyectos donde los estudiantes resuelven desafíos planteados por empresas trabajando en grupo. Alardeamos del programa de movilidad y de prácticas remuneradas, de los estudios de máster a los que podrán optar, así como de la experiencia vital que pueden experimentar gracias a las asociaciones de estudiantes que satisfarán sus inquietudes más allá de las estrictamente académicas. Estos son los argumentos que, a mi juicio, los jóvenes deberían tener en cuenta al elegir sus primeros estudios universitarios combinados, lógicamente, con sus intereses personales y la nota de corte.

 

Sin embargo, y a pesar de nuestros esfuerzos, la nota de corte sigue siendo un factor determinante en la elección de los estudios y un termómetro del interés que suscita una titulación en comparación con otras. La competencia es siempre un incentivo para mejorar; sin embargo, el afán por incrementar la nota de corte puede provocar efectos perversos. Sin ir más lejos, una forma sencilla de subir la nota de corte de una titulación existente es disminuir su oferta de plazas. Otro efecto es fomentar la creación de nuevas titulaciones, incluso con currículos similares a los de otras ya existentes, pero con denominaciones coyunturalmente atractivas y pocas plazas de acceso. Todo ello configura un mapa atomizado, algo redundante y confuso de titulaciones de grado, que dudo que contribuya a formar los titulados que la sociedad nos demanda.

 

Más aún, esta especialización en los estudios de grado no favorece la demanda de los estudios de máster que es donde brota el talento. Por ello, cuando una empresa reclama más talento y propone como solución un nuevo grado, como sucedió en una reunión con empresas del sector de la microelectrónica en la que sugirieron la implantación de un grado en diseño de microchips, argumentamos lo siguiente. En primer lugar, presentamos los mecanismos que disponemos para adecuar los currículos existentes a las necesidades de las empresas. En segundo lugar, explicamos nuestra trayectoria formando titulados no tan solo con las competencias demandadas sino con otras de ámbitos similares que les permitirán afrontar su vida laboral en mejores condiciones. Por último, pedimos a las empresas que, si necesitan más titulados de máster, nos ayuden poniendo en valor esos títulos, facilitando la formación continua de sus trabajadores en la universidad, y promocionando las STEM entre los más jóvenes. Acompañar a las nuevas generaciones para fomentar el talento es tarea de todos.





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