De 2025 a 2026: La segunda revolución digitalEscrito por Antoni Garrell i Guiu el 13/01/2026 a las 19:33:28422
(Presidente de HM Hospitales Catalunya y miembro del consejo asesor de Talentea Recruitment) (En català a continuació)
Con el inicio del año, solemos reflexionar sobre qué puede ocurrir en el nuevo periodo que comienza, qué hitos se quieren alcanzar y qué riesgos es necesario superar. Una reflexión que, en el mundo multipolar en el que vivimos y avanzando aceleradamente impulsados por la segunda revolución digital, no puede olvidar, al mismo tiempo, los aspectos geopolíticos, los riesgos sobre las materias primas, el crecimiento de las intolerancias hacia lo diferente y los avances tecnológicos, especialmente los asociados a la digitalización de la economía y a la inteligencia artificial, los dos motores que impulsan el avance de la segunda revolución digital. Todo un conjunto de aspectos interconectados y en constante evolución que configuran un escenario global donde la inestabilidad en una región por la escasez de un recurso estratégico, un brote de conflictividad social o un salto tecnológico disruptivo tienen el potencial de alterar rápidamente los mercados, redefinir alianzas y reconfigurar pautas de interacción personal, modelos productivos y equilibrios de poder en un tiempo récord.
Nos encontramos en un escenario en el que las tecnologías digitales y la inteligencia artificial son palancas de innovación y, a la vez, ejes de soberanía económica y competitividad global, un aspecto que la Unión Europea debería asumir plenamente y de forma conjunta, dado que los Estados por sí solos no pueden lograrlo.
Un análisis de futuro que debe considerar que el año 2025 ha sido un punto de inflexión, ya que la consolidación de la inteligencia artificial y los avances en comunicaciones o computación cuántica definirán el panorama tecnológico de 2026 y más allá. Pero es necesario tener en cuenta los riesgos estructurales que condicionan la adopción de tecnologías, entre ellos, las tensiones entre grandes potencias como Estados Unidos y China, las amenazas híbridas y cibernéticas sobre infraestructuras económicas estratégicas, la dependencia de materias primas críticas, especialmente aquellas relacionadas con tecnologías digitales o energías renovables, que pueden ser utilizadas como palanca geopolítica, y los riesgos sociales y de cohesión, ya que la expansión de los sistemas autónomos plantea retos laborales y comunitarios.
Centrándonos en la segunda revolución digital y el papel clave de la IA, cabe señalar que a lo largo de 2025 ya se ha consolidado como una infraestructura transversal fiable de la economía digital, posicionándola como un elemento central de la competitividad, con una penetración creciente en sectores como la industria, la salud, el transporte y la Administración pública, sin olvidar su uso cotidiano a nivel personal y social. Estos avances harán que en 2026 la IA se convierta en un componente estructural de la función operativa y estratégica empresarial, no solo como asistente, sino como agente autónomo de decisión y ejecución. Este importante papel exige incrementar la soberanía tecnológica en un entorno en el que las grandes potencias compiten por liderar la carrera de la IA.
Asimismo, en los últimos años, especialmente en 2025, la robótica ha integrado percepción avanzada e IA, generando sistemas capaces de funcionar en entornos complejos con mayor autonomía. Este progreso transforma procesos industriales y logísticos y empieza a tener impactos visibles en sectores de servicios, al tiempo que pone de manifiesto la dependencia de la UE de cadenas de suministro externas, especialmente en lo referente a semiconductores avanzados, una dependencia que se prevé que aumente notablemente a lo largo de 2026.
En tercer lugar, el despliegue de redes avanzadas como el 5G+ y los preparativos hacia el 6G, junto con la integración de sistemas digitales robustos, son factores clave para las empresas y los sectores productivos, que requieren una mayor resiliencia cibernética. Ante el aumento de las ciberamenazas sobre infraestructuras críticas, las inversiones en ciberseguridad serán uno de los ejes básicos en este nuevo año.
Tres aspectos clave a considerar que se producen mientras se asiste a avances en computación cuántica, con las primeras máquinas en fase de pruebas, que pueden permitir el inicio del uso práctico de la cuántica en 2026, potenciando a su vez los dos motores de la segunda revolución digital, sin olvidar los notables avances en biofabricación que tendrán impactos significativos en múltiples campos.
El análisis de las perspectivas para 2026 obliga a los europeos a considerar que la UE aún afronta importantes desafíos para garantizar su soberanía tecnológica y competitividad global, como afirmó el Parlamento Europeo. Entre ellos, la escasez de semiconductores y la baja inversión en IA en comparación con la de Estados Unidos y China, así como el control de los grandes portales digitales por actores externos, afectan a la recaudación tributaria y a las plusvalías en los lugares físicos desde donde se producen las interacciones. Estos factores deberían llevar a la UE a promover de manera efectiva la soberanía tecnológica en IA y datos y a impulsar infraestructuras de computación competitivas, reduciendo dependencias externas y reforzando la competitividad europea.
Al mismo tiempo, sería necesario lograr cadenas de valor resilientes para materias primas y semiconductores, diversificando y asegurando suministros críticos mediante alianzas estratégicas, y haciendo posible que el avance tecnocientífico europeo se traduzca en progreso socioeconómico.
Ha finalizado un año que ha puesto de manifiesto la manera en que la tecnología se articula con factores geopolíticos, sociales y económicos, configurando un contexto en el que la economía digital y la IA definen nuevas líneas de soberanía y competencia. En consecuencia, en 2026 será imprescindible una mayor integración y coordinación a nivel de la UE para lograr un futuro protagonista en el escenario global, única manera de seguir siendo referente en bienestar y progreso compartido.
Ahora bien, pensar solo en lo que deben hacer los demás no es suficiente. A nivel personal, en este nuevo año y dentro de la nueva era digital que iniciamos, cada uno de nosotros debe adoptar un uso de la tecnología con criterios éticos, prepararse y formarse en las nuevas exigencias digitales, contribuir a transformar los sistemas educativos y de formación profesional y actuar con criterios de sostenibilidad, conscientes de que el uso masivo de las tecnologías digitales influye a la vez en el consumo energético y en los riesgos sociales y políticos.
Ahora bien, a pesar de los retos y la complejidad del mundo actual, 2026 ofrece una oportunidad única para construir un futuro en el que la tecnología sea un aliado para el progreso compartido. Con visión, colaboración y un uso ético y responsable de las herramientas digitales, podemos transformar los desafíos en oportunidades, impulsar la innovación sostenible y reforzar nuestra capacidad de liderazgo global, demostrando que el progreso tecnológico y el bienestar humano pueden avanzar de la mano.
Antoni Garrell i Guiu
CATALÀ
Del 2025 al 2026: avenços tecnològics i riscos globals en l’era de la segona revolució digital
Amb l’inici de l’any, solem reflexionar sobre què pot ocórrer al nou període que s’inicia, quines fites es volen assolir i quins riscos cal superar. Una reflexió que, en el món multipolar que vivim i avançant acceleradament impulsats per la segona revolució digital, no pot oblidar, alhora, els aspectes geopolítics, els riscos sobre les matèries primeres, el creixement de les intoleràncies envers el diferent i els avenços tecnològics, especialment els associats a la digitalització de l’economia i la intel·ligència artificial, els dos motors que impulsen l’avenç de la segona revolució digital. Tot un conjunt d’aspectes interconnectats i en constant evolució que configuren un escenari global on la inestabilitat en una regió per l’escassetat d’un recurs estratègic, un brot de conflictivitat social o un salt tecnològic disruptiu tenen el potencial d’alterar amb rapidesa mercats, redefinir aliances i reconfigurar pautes d’interacció personal, models productius i equilibris de poder en un temps rècord.
Ens trobem en un escenari on les tecnologies digitals i la intel·ligència artificial són palanques d’innovació i, alhora, eixos de sobirania econòmica i competitivitat global, un aspecte que la Unió Europea hauria d’assumir plenament i de forma conjunta, atès que els estats per si sols no poden aconseguir-ho.
Una anàlisi de futur que ha de considerar que, l’any 2025 ha estat un punt d’inflexió quan la consolidació de la intel·ligència artificial i els avenços en comunicacions o computació quàntica els quals definiran el panorama tecnològic de 2026 i més enllà. Però cal tenir en compte els riscos estructurals que condicionen l’adopció de tecnologies, entre elles, les tensions entre grans potències com els Estats Units i la Xina, les amenaces híbrides i cibernètiques sobre infraestructures econòmiques estratègiques, dependència de matèries primeres crítiques, especialment aquelles relacionades amb tecnologies digitals o energies renovables, que poden ser utilitzades com a palanca geopolítica i els riscos socials i de cohesió, ja que l’expansió dels sistemes autònoms planteja reptes laborals i comunitaris.
Centrant-nos en la segona revolució digital i el paper clau de la IA, cal assenyalar que al llarg del 2025 ja s’ha consolidat com una infraestructura transversal fiable de l’economia digital, posicionant-la com a element central de la competitivitat, amb una penetració creixent en sectors com la indústria, la salut, el transport i l’Administració pública, sense oblidar el seu ús quotidià a nivell personal i social. Aquests avenços faran que al 2026 la IA esdevingui un component estructural de la funció operativa i estratègica empresarial, no només com a assistent, sinó com a agent autònom de decisió i execució. Aquest important rol demanda incrementar la sobirania tecnològica en un entorn on les grans potències competeixen per liderar la cursa de la IA.
Tanmateix, els darrers anys, especialment el 2025, la robòtica ha integrat percepció avançada i IA, generant sistemes capaços de funcionar en entorns complexos amb major autonomia. Aquest progrés transforma processos industrials i logístics i comença a tenir impactes visibles en sectors de serveis, alhora que posa en evidència la dependència de la UE de cadenes de subministrament externes, especialment per a semiconductors avançats, una presència que es preveu que s’incrementi notòriament al llarg del 2026.
En tercer lloc, el desplegament de xarxes avançades com el 5G+ i els preparatius cap al 6G, juntament amb la integració de sistemes digitals robustos, són factors clau per a empreses i sectors productius, els quals requereixen una major resiliència cibernètica. Davant l’augment de ciberamenaces sobre infraestructures crítiques, les inversions en ciberseguretat seran un dels eixos bàsics en aquest nou any.
Tres aspectes claus a considerar que es produeixen mentre s’assisteix a avenços en computació quàntica, amb les primeres màquines en fase de proves, que poden permetre l’inici de l’ús pràctic de la quàntica al 2026, potenciant alhora els dos motors de la segona revolució digital, sense oblidar els notoris avenços en biofabricació que tindrà impactes significatius en múltiples camps.
L’anàlisi de les perspectives per al 2026 obliga els europeus a considerar que la UE encara afronta importants desafiaments per garantir la seva sobirania tecnològica i competitivitat global, com afirmà el Parlament Europeu. Entre ells, la manca de semiconductors i la baixa inversió en IA comparada amb la dels Estats Units i la Xina, així com el control dels grans portals digitals per actors externs, afecten la recaptació tributaria i les plusvàlues als llocs físics des de on es produeixen les interaccions. Aquests factors haurien de portar la UE a promoure de manera efectiva la sobirania tecnològica en IA i dades i a impulsar infraestructures de computació competitives, reduint dependències externes i reforçant la competitivitat europea.
Al mateix temps, caldria assolir cadenes de valor resilients per a matèries primeres i semiconductors, diversificant i assegurant subministraments crítics mitjançant aliances estratègiques, i fent possible que l’avanç tecnocientífic europeu es tradueixi en progrés socioeconòmic.
Ha finalitzat un any que ha evidenciat la manera com la tecnologia s’articula amb factors geopolítics, socials i econòmics, configurant un context on l’economia digital i la IA defineixen noves línies de sobirania i competència. Conseqüentment, al 2026 serà imprescindible una major integració i coordinació a nivell de la UE per assolir un futur protagonista en l’escenari global, única manera de continuar essent referent en benestar i progrés compartit.
Ara bé, pensar només en el que han de fer els altres no és suficient. A nivell personal, en aquest nou any i dins de la nova era digital que encetem, cadascú de nosaltres ha d’adoptar un ús de la tecnologia amb criteris ètics, preparar-se i formar-se en les noves exigències digitals, contribuir a transformar els sistemes educatius i de formació professional i actuar amb criteris de sostenibilitat, conscients que l’ús massiu de les tecnologies digitals influeix alhora en el consum energètic i en els riscos socials i polítics.
Ara bé, tot i els reptes i la complexitat del món actual, el 2026 ofereix una oportunitat única per construir un futur on la tecnologia sigui un aliat per al progrés compartit. Amb visió, col·laboració i un ús ètic i responsable de les eines digitals, podem transformar els desafiaments en oportunitats, impulsar la innovació sostenible i reforçar la nostra capacitat de lideratge global, demostrant que el progrés tecnològic i el benestar humà poden avançar de la mà.
Antoni Garrell i Guiu |