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Y las redes sociales tomaron la Bastilla…

Escrito por Joan Mayans el 27/04/2011 a las 18:01:35
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(Gerent de Comercialització i Estratègia Digital d’ACCIÓ)

Las redes sociales derrocaron la monarquía romana e impusieron la República. Las redes sociales tomaron la Bastilla y les cortaron el pescuezo a María Antonieta y marido. Las redes sociales acabaron con los Romanov con la misma sutileza con la que luego acabarían con Ceucescu. Y por supuesto, las redes sociales han revolucionado el mundo árabe y han desahuciado a Mubarak.

 
La dinámica es recurrente. La herramienta y la etiqueta, nuevas. Entonces, ¿cuál ha sido la aportación real de las TIC a las revueltas árabes de los últimos meses? ¿Es posible que sin Facebook, Al-Tahrir siguiese siendo sólo una inmensa y desangelada rotonda? ¿Por qué ahora es noticia? ¿Por qué no se rinde Gadaffi, con lo que se llega a decir de él en Twitter?
 
 
Adoramos los titulares. Nos embriagan las novedades. Y “la juventud de Facebook”, señalada por algunos opinadores como una de las claves de la revolución egipcia, es un estupendo titular novedoso. Apologetas sociotecnológicos, comerciales TIC y nuevos conversos al encanto tuitero, hemos corrido en tropel a subrayar la tremenda importancia de las redes sociales en todo este proceso. En Occidente estamos encantados de que un inventito nuestro haya acabado con tanto villano y esté democratizando la cornisa mediterránea a golpe de status-update. Los Levi’s tumbaron la URSS y Farmville acabará con Al Qaeda.
 
 
Y sin embargo, ¿cuánto aguantan estas explicaciones? ¿Dónde está el valor de las redes sociales digitales en este jaleo? ¿Qué tiene de diferente tomar la Bastilla convocándose a gritos que hacerlo a base de muros de Facebook?
 
 
Para empezar hay que tener en cuenta que el contexto, el “enemigo” y sus fuerzas son radicalmente diferentes. La utilización de redes sociales y de medios digitales para organizar enfrentamientos y poner en práctica tácticas de guerrilla urbana han sido mucho más sofisticadas en los movimientos antiglobalización de lo que lo han sido en Egipto. Seguramente, Mubarak infravaloró este espacio. Por eso, la movilización tuvo más éxito que otros casos. En EEUU, esto no ocurriría. En China, menos.
 
 
En segundo lugar, cabe entender que las redes sociales han servido para coordinar y movilizar a un segmento muy determinado de la población. La “Juventud de Facebook” no llenaba Al-Tahrir. Su mensaje se esparció no tanto por ser “Facebook” como por ser “Jóvenes”. Una juventud con una mayor alfabetización tecnológica, más formada, que no es representativa ni del país ni de su realidad cultural, pero que son un ingrediente nuevo que ha tenido un efecto importante en el cóctel de la revuelta.
 
 
En tercer lugar, la novedad, la rapidez y la persistencia de la revuelta pilló tan desprevenida a la opinión pública internacional como al propio gobierno egipcio. En un mundo occidental deprimido por la crisis y desorientado ante la pujanza de nuevos centros de poder, el tiro-al-blanco-al-dictador (preferentemente, árabe) se ha convertido en una de nuestras principales fuentes de orgullo geoestratégico. Las redes sociales digitales tienen la velocidad de propagación del rayo y un alcance potencial global. Mientras la prensa internacional se pronunciaba a favor de las “reformas”, las redes sociales del mundo mundial aplaudían y vitoreaban la “revolución”, como si de un hashtag a-la-moda se tratara. Hasta Bisbal se unió a la fiesta. A su manera.
 
 
En definitiva, es necesario ver cuál es el recorrido real de esta “Juventud de Facebook” en el proceso de cambio que vive Egipto. Las redes sociales han sido determinantes a la hora de provocar la chispa que encendió el fuego. Han sido importantes también para mantener ese fuego alimentado, haciendo de altavoces internacionales y provocando la simpatía que Occidente le profesa a todo aquello que ven como moderno y bueno. Y no hay nada tan bueno y moderno como Facebook. Sin embargo, no está nada claro que esos jóvenes digitales vayan a ser la capa social educada y preparada que vaya a guiar Egipto en su nueva etapa. Antes de echar más campanas digitales al vuelo, hay que comprobar qué papel tienen las redes sociales en el nuevo Egipto. Porque las redes –como estructura- pueden ser horizontales, descentralizadas y democratizantes. Pero, como todo buen “sysop” sabe, no hay permiso que no pueda ser cancelado ni privilegio de administrador que pueda asignarse jerárquica y arbitrariamente.
 
 
 
Joan Mayans, 12/04/11.
Antropólogo, experto en los aspectos sociales de las TIC (www.joanmayans.com). Presidente del Observatorio para la CiberSociedad (www.cibersociedad). Actualmente, gerente de desarrollo del conocimiento corporativo en ACC1Ó (www.acc10.cat).