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Teletrabajo y descanso

Escrito por Serafín Carballo el 16/10/2012 a las 20:32:32
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(Prysma Calidad y Medioambiente)

Aunque las ventajas del teletrabajo (especialmente en su versión flexible, que lo compatibiliza con el trabajo presencial) parecen claras y han sido expuestas en numerosas ocasiones, existen sin duda desventajas claras: falta de espíritu de equipo, ausencia de aprendizaje lateral, desconexión emocional, etc.

 
Una de estas desventajas empieza a ser la dificultad de parar, de descansar, algo que ya es un problema en el mundo laboral convencional se convierte en crítico en el teletrabajo. El problema, como tantos otros, es del individuo y de la sociedad.
 
Por un lado la persona en teletrabajo que, necesariamente, usa en él las nuevas tecnológicas puede sufrir el fenómeno de “enganche” al que llegan algunas personas en el uso lúdico de las mismas, es una realidad que, con o sin productividad, estas pantallas nos enganchan a todos y el reloj corre y corre. Los expertos en adicciones predicen que en breve las adicciones químicas (las drogas, legales o ilegales, clásicas) se verán superadas claramente por las no químicas (desde la ludopatía a la dependencia total del móvil)
 
Por otro lado, entre todos, nos hemos dado un permanente e insano sentido de la inmediatez para todo, está muy bien “twittear” lo que queramos, lo que está menos bien es esperar, exigir, respuesta inmediata en todo los casos. Nos estamos acostumbrando a que algún compañero nos demande una respuesta inmediata porque “te acabo de enviar un correo”. Esa inmediatez, tan moderna, que el medio nos exige hace que en el caso del teletrabajo el descanso, la desconexión, se haga casi imposible. Nuestro entorno espera una atención y respuesta inmediata a cosas que en modo alguno requieren realmente dicha inmediatez.
 
¿Qué podemos hacer? Yo creo que todos echamos de menos un manual de urbanidad de la mensajería electrónica, creo que debemos de definir unas reglas mínimas de cortesía electrónica. En segundo lugar todo debemos plantearnos la necesidad de la inmediatez permanente, creo que hay un movimiento a favor de la “vida lenta” que reivindica la necesidad, y el derecho, a prescindir de la urgencia constante. Además cada teletrabajador debe de examinar su rutina diaria y dotarse de una reglas básicas; claro que hay que considerar que en esta España nuestra el “presencialismo” se ha convertido en un cáncer social, somos los que estamos más horas y, en función de nuestra productividad, los que menos hacemos en esas horas, por lo tanto no es de extrañar que esto se acentúe en el teletrabajador.
 
Por último yo pediría caridad con el prójimo, que nos pensemos que el que está al otro lado del email o del teléfono es una persona, que puede y debe descansar, que puede y debe tener su horario laboral. No debemos apuntarnos a ese carro demagógico que, a cuenta de la crisis, cuestiona el descanso, las vacaciones o que alguien no esté trabajando a las diez de la noche un viernes…
 
Serafín Carballo
Director de consultoría de www.prysma.es