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Los avances tecnológicos y la batalla cultural / social

Escrito por Jesús Lanao el 23/06/2015 a las 21:45:38
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(Director de la Fundació Banc de Recursos)

En la última estancia en Bolivia, hace un año, me sorprendió la deriva consumista que se está viviendo en ese país: automóviles, electrodomésticos, PC y, especialmente, aparatos de telefonía. Una verdadera obsesión para disponer del último modelo de móvil, sobre todo entre los jóvenes. Esta "lógica económica" en una sociedad emergente contrasta con los valores de sus culturas indígenas (Aymaras, Quitxuas, guaraníes ... hasta 43 grupos étnicos diversos, que componen un mosaico extraordinario y plural) y que se ha concretado en el lema "el buen vivir" (que significa una vida humana digna, sostenible, que respete la naturaleza, las tradiciones y el equilibrio ecológico).

 

Esta evolución social y contradictoria es, de hecho, la misma que hemos vivido en nuestro país y que nos plantea un puñado de problemas ecológicos y de interrogantes sobre el sentido del llamado "progreso" de las sociedades del Norte. No está claro que los avances tecnológicos nos hagan más felices, aunque nos faciliten muchas cosas.

 

El joven boliviano campesino que puede estudiar "on-line" una carrera universitaria (hecho importantísimo para su vida) tiene, de entrada, las mismas posibilidades que otro de Nueva York. Sin embargo la aplicación de sus conocimientos depende de las posibilidades laborales de su país. Y, en ambos casos, la contribución de sus vidas al bienestar personal y social estará fuertemente condicionada a las necesidades sociales de su entorno (y de la humanidad entera). El "bien común" puede concretarse en la respuesta a las necesidades básicas humanas (alimentación, salud, educación, etc.) o de otros muy importantes (cultura, arte, ocio) o de otros que se convierten en "imprescindibles", impuestas por la fuerza de un modelo económico dominante que tiene sus propias leyes y dinámicas. En definitiva, el "mercado del trabajo" no siempre está encarado a una vida más digna, equilibrada y sostenible; es decir, una vida verdaderamente humana. Y, en consecuencia, a un mundo más justo y más habitable.

 

Jesús Lanao