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La universidad en tiempos de crisis. ¿Qué no se debería recortar?

Escrito por JOSEP JOAN MORESO el 22/01/2013 a las 20:47:34
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(Rector)

En diciembre de 2012, los rectores de las universidades españolas alertamos en un manifiesto conjunto que la disminución de los presupuestos generales del Estado para el 2013 en las partidas de educación superior (-18%) y de investigación (hasta -80% en los gastos no financieros en I+D+i) suponían un deterioro “irreparable” del sistema de R+D+i, que “conducirían al país a perder el tren del desarrollo tecnológico, hipotecando la investigación y mayores logros en la frontera del conocimiento”. De nuevo, en enero de 2013, los rectores y los presidentes de los consejos sociales, esta vez, de las universidades públicas catalanas presentamos un segundo manifiesto conjunto en el que volvimos a alertar sobre la situación “límite” que vive el sistema universitario público catalán, que no podrá soportar nuevas reducciones “sin comprometer seriamente” sus funciones como institución al servicio de la sociedad.

 

En ambos casos, la conclusión es la misma: sin inversión en educación superior, sin inversión en I+D+i, el funcionamiento de las universidades públicas no es viable y, cerrar las puertas al conocimiento, implica cerrar la llave del progreso.

 

Ciertamente, la crisis económica que padecemos es muy severa y se extiende por todo el sistema, a todos los niveles. Por ello, como ya expuse el pasado septiembre durante la inauguración del sistema universitario catalán, no sería razonable pedir que la universidad se mantuviera al margen. No obstante, ahorro y austeridad deben imponerse donde y cuando proceda; y deben hacerlo sin dañar ni hacer retroceder las bases de un modelo que se ha demostrado eficiente. Ciertamente, las universidades podemos trabajar para incrementar nuestra eficacia y eficiencia; continuar trabajando para ser transparentes, rindiendo cuentas ante la sociedad. Pero indicadores como la calidad científica de nuestros investigadores; las patentes gestadas en la investigación universitaria; la adaptación del modelo docente al espacio europeo; la formación de titulados competitivos a nivel internacional; o el establecimiento de nuevas alianzas con universidades de referencia… son hitos que las universidades públicas hemos alcanzado estos últimos años, con un presupuesto (0.53% del PIB) muy inferior al de la media europea (0.8%) y que contribuyen al bienestar económico y social de nuestra comunidad.

 

Las universidades somos conscientes de la gravedad del actual contexto. Pero también lo somos de nuestro papel en la sociedad. Porque, mientras el debate sobre el camino indicado para salir de la crisis permanece abierto; los estudios sobre educación superior coinciden al señalar que una mayor formación comporta más oportunidades de mejora. A modo de ejemplo, la tasa de paro entre los graduados en Catalunya el 2006-07 es del 8%; tasa aún elevada pero tres veces inferior a la general y cerca de cinco veces menor que la juvenil. Pero no únicamente eso. Debemos recordar que el acceso a la universidad, además de ser un instrumento para formar graduados competitivos en un mundo global; comporta también la formación de ciudadanos cívicos, más responsables, con mayor capacidad crítica y autocrítica. Ciudadanos, en definitiva, capaces de defender las bases de la democracia, de nuestro estado de bienestar.