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La plaza de Urquinaona digital

Escrito por RAMON PALACIO el 07/01/2014 a las 22:02:40
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(Ingeniero de Telecomunicación)

 A veces se ha definido Internet como el Ágora digital, aquella plaza de las ciudades–estado griegas en la que coincidía mercado, cultura y política,  es decir el centro de la vida social de la ciudad.

 
Y puede que Internet sea hoy el centro de la vida social, en comunicación, en ocio, en comercio e incluso en política. Siguiendo a Mc Luhan, el medio hace el mensaje, e Internet hace a la sociedad, aunque yo soy de los que piensa (contracorriente) que el instrumento (internet) modifica las formas de relación pero no modifica el fondo, y por fondo entiendo principios (o su ausencia), valores (y  también vicios) e incluso ideas (y también fanatismos).
 
La prueba, o al menos un ejemplo, lo tenemos en la plaza de Urquinaona digital, en la ¿nueva? forma de acceso al mercado laboral. 
 
Los viejos del lugar recordarán la concentración de jornaleros cada mañana a las 8 h en la muy céntrica plaza de Urquinaona, en Barcelona, y la llegada de capataces que decian “tú sí, tú sí, tú no, tú sí...”, cargaban jornaleros en una furgoneta y ofrecian trabajo por un día.
 
¿Cuáles eran los principios? Mercado puro de oferta y demanda, discrecionalidad en la selección, sumisión al poder y al medio, ausencia de compromiso, cortoplacismo.
 
En la nueva Ágora también se hace así. Tenemos múltiples “agencias” de colocación, formales o informales, como redes sociales profesionales y empresas especializadas,  a las que el candidato manda su curriculum vitae –CV- y se pierde el rastro.  El CV viaja por la red y , en la cadena, debería llegar a una empresa cliente demandante de esos CV. Y debería haber respuesta, positiva o negativa.
 
El feed back es escaso, cuando no es nulo. A veces no hay ni acuse de recibo, ni confirmación de llegada a destino, ni respuesta del destinatario.  
 
Estamos en el Ágora, los capataces (a veces digitales) han recogido el rastro (digital) del jornalero (real), han decidido que rastros digitales elevar al amo, y el amo ni siquiera tiene que dar la cara, y puede permitirse no responder. 
 
Antes, por lo menos, el capataz decía “tú no.....”
 
Esta película está basada en hechos reales, 
 
Ramon Palacio
Ingeniero de telecomunicación
Diciembre 2013