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Individualidad, colectividad y mediocridad

Escrito por Alexandre Blasi el 05/10/2011 a las 20:27:44
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(President de Mutua Intercomarcal)

Desde hace tiempo mi debate personal gira alrededor del dilema individualidad, colectividad y mediocridad. Con los años he ido centrando el pensamiento poniendo primero al individuo (excelente?) como base de una colectividad (excelente?). El individuo no debe ser excelente en su individualidad solamente sino que también en su capacidad de trabajar con los otros, y entre otras cualidades el saber escuchar y valorar, y en su caso, aceptar las aportaciones de los otros del mismo modo que debe saber defender las propias. En una colectividad ha de haber gente de toda clase como las hay en la sociedad, con diferentes competencias y habilidades, pero ha de haber un núcleo básico que sostenga y lidere el conjunto y que los demás tengan la capacidad de aceptarlo. En mi opinión, la clave está en el individuo y después en las personas que formarán la colectividad. Por extensión cuando hablamos de organizaciones añadiré la selección individualizada de cada una de las personas que deben formar parte en función de sus características personales, de sus características colectivas que se requieren y el entorno en el que habrán de cumplir la misión.

 

Aparentemente hay ejemplos de lo contrario. Tengo entendido que en algunos casos para crear un perfume excelente se deben mezclar ingredientes que individualmente huelen mal olor. Por lo tanto parecería posible que se pueden combinar personas sin una cualificación o complementariedad adecuadas y se puede conseguir un buen equipo (cómo en la  película “12 hombres sin piedad” con matices). Pero en ambos casos citados el éxito y el arte está en la selección de los líderes, en sus capacidades y en la combinación de personalidades (o los ingredientes en el caso de perfumería).
Se puede decir que dos cojos de pies diferentes se pueden complementar mientras que dos cojos del mismo pié tendrán más dificultades por hacerlo. De la misma manera que dos gallos en un mismo gallinero difícilmente podrán convivir (recordar los casos Hamilton/Alonso en el equipo de MacLaren o los de Schuster/Maradona en el Barça). De todas maneras si se ponen datos erróneos en una contabilidad difícilmente se obtendrá un buen balance.
Por lo tanto, personalmente, considero en primer lugar el liderazgo y después la complementariedad de los individuos que deben hacer posible al colectivo excelente para la tarea que hayan de realizar teniendo en cuenta que este equilibrio cambia en el tiempo y en función de los cambios del entorno.
 

 

Lo dicho anteriormente no se contradice con la opción de que el liderazgo sea rotativo. Un día una persona puede ser el lider de un grupo y otra día ser un colaborador. Lo importante es tener el sentido de pertenencia al grupo para conseguir el objetivo marcado. Parece ser que la creatividad en empresas como Google funciona de esta manera. El sentimiento de formar parte de un grupo para hacer un proyecto o llegar a un objetivo estimulante puede ser más importante que ser la cabeza visible o el que lo manda. La importancia está centrada en este sentimiento de “pertenecer a”  y de estar contribuyendo activamente en su consecución.
Seguramente este es un valor que se ha ido modificando a lo largo del tiempo y que ahora está adquiriendo más importancia. Antes se valoraba el número de personas sobre las que se mandaba y ahora progresivamente es más importante el valor del proyecto y del equipo con el que se trabaja y el objetivo a conseguir.

 

Este punto es relevante cuando nos damos cuenta y aceptamos que solos no somos capaces de tener todos los conocimientos y que es necesaria la capacidad de saber participar con otros que nos complementen o nos aporten aquellas áreas de conocimiento de las que carecemos. Recuerdo una discusión acalorada que tuve en una clase de un MBA donde un alumno me insistía que él se sentía obligado a conocerlo todo de su negocio familiar. Yo intenté sin éxito hacerle ver que lo importante no era que él lo supiera todo desde la contabilidad, la informática, la técnica que se utilizaba en el negocio familiar, y todos los demás conocimientos del negocio sino que lo importante era que él conociera y supiera  gestionar el equipo por conseguir sus objetivos.
Dar sentido a una organización es lo importante, el sentimiento de pertenecer para conseguir un hito, la implicación de todos en el trabajo, ... , y no vale aquello de mi equipo ha perdido el partido pero yo he jugado muy bien. Cuando perdemos, perdemos todos los que estamos dentro de la misma organización.
 

Expresamente evito hablar de empresa y prefiero hablar de organización porque la mayor parte de temas de gestión empresarial, con los ajustes necesarios, son válidos tanto para una ONG, una universidad, la administración pública, las organizaciones empresariales o sindicales, clubes deportivos...
 

Recientemente leía la entrevista a un monje responsable de un importante monasterio que decía “un monasterio es una empresa pero es más humana”. También decía que su experiencia mas dolorosa había sido despedir/expulsar un monje. Finalmente añadía que ellos también notan la crisis y que necesitaban recursos económicos por sobrevivir. Por un lado es lamentable que se ponga el título de humano o no humano a una organización y  otra que siempre la palabra empresa tenga connotaciones negativas. Por otra parte como es lógico, en el monasterio deben utilizar los métodos de gestión de los recursos que son habituales en las organizaciones pese a que requieran los ajustes adecuados al caso. Toda organización tiene o debe tener sus objetivos, no necesariamente económicos, pero para conseguirlos hay muchas herramientas y formas de trabajar que son comunes a todas ellas.

 

Una de las dificultades habituales es la de escondernos detrás de la colectividad, buscamos el consenso, contentar a todo el mundo... para conseguir la mediocridad. El miedo al fracaso, a la crítica..., nos condena a la mediocridad. No escogemos los colores ni blanco ni negro y preferimos el gris porque intentamos contentar a todos o no ofender y esto se mediocridad.
Debemos aprender a gestionar o dirigirnos a nosotros mismos y esto no está escrito en los textos, ni se enseña, se pueden dar pautas y ayudar, pero se aprende desde la reflexión de los aciertos y de los errores, de lo que hacemos bien y lo que hacemos mal. Yo antes también decía que se aprende más de los fracasos y ahora opino que también se aprende de los éxitos y con la misma intensidad.
 

Repito el individuo no debe buscar la excelencia en su individualidad solamente sino que también en su capacidad de trabajar con otros, el saber escuchar y valorar y en su caso aceptar las aportaciones de los otros del mismo modo que debe saber defender las propias de lo contrario tenemos mediocridad.
 

 

Alexandre Blasi

Artículo traducido y publicado en la web del Cercle pel Coneixement
Barcelona 15.07.2011