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En defensa de la re-industrialización del país

Escrito por Alexandre Blasi el 12/07/2016 a las 20:37:02
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(President de Mutua Intercomarcal)

Alexandre Blasi


He escuchado políticos y académicos hablar de la competitividad del país, la conveniencia de producir productos de mayor valor añadido, de la necesidad de un sistema educativo de calidad y gratuito, de restringir el movimiento de las multinacionales, de la financiación de la emprendeduría, de los recortes, los alumnos de la universidad tratando los empresarios de corruptos,..... Pero no pasamos de hacer recomendaciones de lo que se debe hacer pero pocos, disculpen la generalización, hacen nada más allá de iniciativas empresariales industriales de poco volumen, de poner parches a situaciones transitorias o en el otro extremo grandes planes que no se cumplen parcial o totalmente.

 


¿Dónde ha ido el espíritu empresarial que hemos tenido en otras épocas? Hemos tenido visionarios innovadores como Narcís Monturiol o empresarios valientes como los que llevaron la industria textil, el ferrocarril, las fábricas de coches como la Hispano Suiza, ... La historia no nos habla demasiado de la mayoría que eran los que no han tenido éxito pero que en muchos casos servían de experiencia a los que seguían. Todos ellos contribuyeron a la mejora del país de una manera u otra.

 


Hablamos que tenemos que fabricar productos de mayor valor añadido. Pero esto también lo saben los chinos que también tienen muchas y buenas escuelas de ingenieros y de negocios. El reto principal parece que lo tenemos con los países orientales. Pues copiemos de ellos lo bueno que tienen y dejemos de lado lo que les criticamos. Ellos han copiado de Europa y de América de manera continuada y cada vez lo necesitan menos. Han acumulado capital de conocimiento y económico y están sacando un buen redito. Lo han hecho a base de sacrificios pero les ha valido la pena.

 


Hacer cosas tiene riesgo, algunas salen bien y otras no. La historia recuerda los que tienen éxito y olvida los más numerosos que no lo consiguen. Pero decir lo que hay que hacer es fácil y algunos cobran por decirlo. Es fácil, no compromete más allá de unos pocos días, la memoria es de corta duración,..., algunos predicen el futuro con seriedad y se lo creen pero tampoco lo aciertan,..., pero hacer lo que se dice “hacer de verdad” son pocos los que lo intentan y menos los que lo consiguen.

 


Hablamos de que necesitamos ayudas y subvenciones, los fondos europeos, ... Preguntémonos si las que hemos recibido han tenido su retorno a la sociedad de manera suficientemente eficaz? Mi respuesta es que es mejorable. Nuestro tejido industrial es mayoritariamente de pequeña empresa. Con muchas dificultades, estas organizaciones pueden llegar a estas ayudas mientras que son mucho más accesibles para las grandes empresas. Las universidades sí tienen un cierto acceso, pues ¿porque no alineamos unas y otras de manera eficaz?

 


Ahora yo mismo tengo el riesgo de decir lo que se debe y no es mi objetivo. Claro que en una reciente conferencia hablé de lo que proponía hacer y en el diálogo me pidieron si iba por Consejero de la Generalitat. No, yo no voy por ser consejero. Además los consejeros tampoco mandan demasiado. Quien realmente manda es la estructura de la consejería, los funcionarios del departamento, que estaban antes de que él estuviera y continuarán después de que él se vaya. Lo más interesante es lo que me respondió un exconsejero cuando le pedí qué atención hacía  su consejería cuando les llegaban estudios de instituciones externas como la Cámara de Comercio o el Colegio de Ingenieros  recomendando acciones a realizar. La respuesta fue que daban las gracias y lo guardaban cuidadosamente en un estante ya que los empleados de la consejería consideraban que tenían más conocimiento del tema que cualquier otra persona o institución externa. O cuando hablaba con un alto cargo de una patronal y me decía que un ministro no manda más allá de los 10 cargos cercanos que él ha nombrado.

 


En general no tengo dudas de la competencia y calidad de las personas que forman parte de la administración. Quizás tenemos que ver si es el modelo el que hay que revisar. Es interesante la propuesta de Jordi Lafuente en su libro "el regreso de los chamanes" en donde estudia la eficacia de los países del norte de Europa y él nos destaca el rol de los políticos versus los empleados públicos profesionales, eficientes y eficaces, independientes, competentes y retribuidos de acuerdo con sus competencias y el sector. Cita el modelo de eficacia en la gestión pública de estos países como ejemplo de referencia y con razonamientos históricos y económicos descarta el tema de las diferencias culturales como base explicativa diferencial. También defiende como estos países en lugar de tener grandes planes han dejado a emprendedores hacer experimentos a escala reducida de los que aprender y luego extrapolar lo positivo. Descartar grandes planes nacionales por su falta de ajuste y poca flexibilidad. Casi al final del libro habla de la similitud del éxito de la experiencia de evolución económica y empresarial en China con grados importantes de libertad empresarial dejando libertades de actuación económicas a los diferentes territorios. Concluye la conveniencia de que antes de grandes planes hacer primero experimentos de baja escala, ir ajustando y afinando el modelo para luego escalar a una mayor dimensión.

 


No creo en la posición ultra-liberal de que no hay mejor política industrial que la que no existe como tampoco creo en una economía dirigida. Estoy convencido de la bondad de la colaboración de las iniciativas privadas (con riesgo) y de la iniciativa pública.

 


Propongo que revisemos el sector industrial que tiene el país, empresas pequeñas y medianas, antiguas y nuevas, buscamos las sinergias y las necesidades, y trabajamos para iniciar el proceso de crear un conglomerado de empresas dentro de un sector de interés y con futuro en partir de la gestión privada. Que lo hacemos con poca publicidad, a pequeña escala para ir creciendo, utilizando las fortalezas locales como la universidad, la banca, la Generalitat y las organizaciones sociales y empresariales.

 


Estoy convencido de la competencia intelectual y empresarial del país y que es factible. Será difícil, complicado, requerirá un compromiso de muchos sectores y además que como todo plan industrial necesitará algunos años para ver los resultados.  Propongo que lo hagamos y me ofrezco para participar al nivel que sea  llevarlo adelante. En el país tenemos profesionales competentes en muchos sectores tanto públicos como privados y tenemos empresarios valientes. Otros países lo han hecho pues ¿porque nosotros no podemos hacerlo?