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Dime con quién emprendes y te diré si debo invertir en ti

Escrito por Mercè Tell el 18/03/2014 a las 18:38:59
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(Directora de inversiones)

 Si paseáramos por Barcelona, Londres, LA o Singapur pidiendo a la gente que describiera en un minuto como es un emprendedor, seguramente muchos, conociendo o no alguno, podrían llegar a establecer un retrato arquetípico de su figura: alguien joven, entre unos 30 y 40 años, con un estilo sport, ambicioso, vinculado a escuelas de negocios o centros de investigación y con un carácter internacional. Un aspirante a triunfador, con un iphone en el bolsillo y un ipad en la cartera.

 

¿Se debe tener en cuenta la composición de un equipo emprendedor a la hora de valorar una startup para una futura inversión? Sin duda. La experiencia así lo determina. Pero si tú, emprendedor, aún así lo tienes claro, asume riesgos y transforma aquellos inconvenientes en oportunidades para convencer a los inversores que deben apostar por ti.
 
 
Podemos hablar en singular o en plural. Para que un equipo sea productivo debe tener en cuenta ciertas premisas de carácter más humano, especialmente analizar qué tipo de relación une los diferentes miembros fundadores de una startup y que rol desempeñan dentro de la empresa. Actualmente, saber trabajar en equipo es imprescindible para el óptimo desarrollo de un proyecto en una era social. Pero el sólo hecho de constituir un equipo con dos o más individuos, implica fuentes de opinión distintas, y eso puede crear una balanza que lleve a un equilibrio productivo o a un conflicto destructivo. El futuro o el éxito dependen del equipo, de la viabilidad económica del proyecto y de la profesionalidad de los emprendedores. El Venture Capital apuesta más por el equipo que por el proyecto. Un gran proyecto con un equipo mal cohesionado, puede quedarse en eso, un proyecto.
 
 
Algunas opciones presentan más inconvenientes o riesgos, que mal gestionadas pueden llevar al fracaso.
 
 
Cuando se crea  una empresa mediante lazos de sangre, aparecen muchos determinantes que en otra startup sin esta estructura, pasarían completamente desapercibidos. Por ejemplo, entre padre e hijo las diferentes opiniones puede que cuesten más de aflorar al existir una relación paterno filial donde existe un mayor grado de lealtad y obediencia. Esa unión es positiva, si los dos implicados constituyen un solo punto de vista a la hora de negociar con los inversores. Y a su vez, los inversores tienen la garantía que hablar con uno de ellos es como hablar con el equipo al completo. Como contrapunto, padre e hijo pueden ser un núcleo duro de separar, donde el hijo probablemente estará más dispuesto a ceder ante las decisiones del padre que frente a un inversor.
 
 
Otro lazo de sangre pertenece a los hermanos. Quizás el formato familiar más extendido en el mundo de la emprendeduría, pero no exento de peligro. Se suele trasladar la misma posición familiar, hermanos con un mismo trato dentro de la familia, a los roles de la empresa. ¿Qué quiere decir esto? Pues que se quiere cobrar el mismo sueldo teniendo aptitudes distintas. Casi siempre los roles son diferentes, y por tanto los sueldos deberían ser definitorios de la posición que ocupa cada hermano dentro de la startup. Además hay equipos donde los hermanos no quieren sacrificar posiciones para permitir la entrada de un CEO externo, y esto puede frenar la evolución de la empresa.
 
 
El matrimonio es la institución social que quizás conlleva más riesgos, tanto positivos como negativos. En primer lugar, en un matrimonio hay que asumir que los roles del hogar no deben ser los mismos que en el trabajo. Otro riesgo añadido viene dado cuando el bienestar económico depende de la startup, donde trabajan los dos emprendedores y es la única fuente de ingresos para la familia. Eso puede atizar más la ansiedad si las expectativas económicas no se cumplen, y además se tienen hijos.
 
 
Si la pareja está unida, cómo ocurre entre padres e hijos emprendedores, el inversor termina negociando con un representante convencido que recoge el pensar del equipo. Por otro lado, hay información, opiniones y estrategias a las cuales el inversor no va a tener acceso debido a la intimidad del matrimonio. Además, a sabiendas que hay decisiones condicionadas por los vínculos de pareja, argumentos sentimentales,  y no por aspectos puramente financieros.
 
 
Muchas veces también influye la posición de cada uno de los dos miembros  en el momento de fundación de la startup. Si están al mismo nivel técnico, si tienen diferentes roles, si uno de los dos es el genio y el otro se ve arrastrado a la empresa debido al éxito de ésta. Si la presencia de uno de los miembros en la startup a partir de un punto del crecimiento de la empresa es innecesario, es mucho más difícil hacer comprender al otro  mediante un razonamiento lógico que sus servicios son prescindibles, porqué intervienen factores y presiones emocionales.
 
 
La llave del éxito radica en aprender a separar taxativamente vida familiar y laboral. De hecho el paradigma de la pequeña empresa catalana siempre ha sido el negocio familiar que pasa de generación en generación y donde intervienen matrimonios, hermanos e hijos en una mismo comercio o industria. De esta norma básica el inversor no participa, el inversor no es parte de la familia. En algunos casos se puede apreciar al inversor como un forastero que viene a formar parte de la empresa y a robar los beneficios que deberían ser sólo para la familia, sin contemplar que a lo mejor gracias a un inversor la startup sigue adelante.
 
 
Ya dentro la empresa, el hecho que los CEO o fundadores de una startup sean un matrimonio puede complicar las relaciones con los trabajadores en caso de conflicto laboral. El trabajador tiene que luchar para cambiar la opinión de dos, no de uno.  A su vez, el matrimonio, debe definir muy bien de qué modo van a ser las relaciones con los trabajadores.
 
 
El miedo más temido por los inversores de Venture Capital es que la pareja rompa su relación porqué puede dinamitar la startup, convirtiendo ésta en un motivo de disputa. Por el contrario, una familia unida, con un objetivo común muy claro: la empresa, puede favorecer mucho su evolución y expansión. Es difícil gestionar familia y trabajo, pero si estas dos condiciones se dan unidas hay que establecer roles, protocolos de familia con unas normas de convivencia y de relación entre los diferentes miembros de estricto cumplimiento.
 
 
Si una empresa fundada por una pareja en sí es fuente de conflicto, fuente adicional de conflicto es añadirle un inversor. El inversor externo muchas veces hace aflorar y evidencia los  conflictos inherentes y enquistados mezclando asuntos profesionales y financieros, al no verse involucrado dentro de la trama familiar.
 
 
Hablemos ahora de amigos, englobando también, compañeros o excompañeros de trabajo, universidad etc. Podemos hablar de dos posibilidades: los amigos que anteriormente ya han trabajado juntos y los que no. El segundo obviamente conlleva más riesgos que el primero.  La primera lección es que no con todos los amigos se puede hacer negocios. A igual que no se puede ir a vivir con todos los amigos.
 
 
Si haces negocios con un amigo puedes perder la amistad, pero también el dinero, que en el caso de emprendedores, proviene muchas veces de un fondo de inversión de Venture Capital o un Business Angel. Para el buen funcionamiento de la startup se debe construir una pirámide presidida por el líder del equipo. Es preferible que los cimientos que unan el equipo sean la ambición por el éxito de la empresa, que no el beneficio individual.
 
 
Que uno de los miembros destaque profesionalmente y sea la cabeza visible, es necesario y no siempre es aceptado por el resto de la startup. Se debe aceptar un liderazgo que los otros reconozcan y apoyen, ya que no es un privilegio, éste asume mucha más carga, presión y responsabilidad. Muchas veces este “sacrificio” es la llave del éxito. Si cada uno opina que debe negociar de una manera, ¿cuál prevalece? ¿Hay intereses distintos? ¿A cuál debe acogerse el inversor a la hora de negociar y asesorar?
 
 
Por último hablamos de la opción con más acogida, el emprendedor que sólo busca el éxito con su proyecto. A priori, no tiene efectos negativos si con el tiempo es capaz de crear equipo, reconocer sus debilidades y delegar responsabilidades. El principal riesgo: él concentra todo el potencial y eso puede hacer crecer en exceso su ego. La ambición es buena, la ambición ciega no. El emprendedor debe convertir esas carencias en la incorporación de talento para la empresa. El inversor, en este caso se convierte en el interlocutor que acompaña su estrategia.
 
 
Finalmente, pretendemos que se lea este artículo des de la clave de un inversor, sin pensar en ningún momento que se hace una crítica de instituciones como el matrimonio, la familia o valores como la amistad. Sino  los riesgos que conllevan para un inversor estas relaciones que vertebran una startup, a la que hay que dar la mejor salida posible. El emprendedor debe decidir que estructura adopta, que roles encajan en cada miembro e intentar separar al máximo la vida privada de la profesional, aunque a veces sea prácticamente imposible.  Simplemente hay que valorar como responderán los factores humanos y las relaciones sociales ante actividades financieras como el Venture Capital.