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¿De qué estamos hablando?

Escrito por JOSEP JOVER I PADRO el 09/03/2011 a las 00:44:36
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(Advocat i gestor de conflictes)

Con todo ese follón de la Ley Sinde, sobre las descargas, nos hemos elevado tanto, cada uno en nuestras posturas que creo que hemos perdido la perspectiva. Los árboles de nuestro conflicto no nos dejan ver el bosque.

 

Tres son los paquetes de derechos de autor que están sobre el tapete y un tercero del que no se habla.

 

El primer paquete es el de la música. Éste es un tema que se está solventando por sí sólo. Spotify, Itunes y parecidos son los nuevos canales de distribución. El 90% de las adquisiciones de música pasará por ellos los próximos años. Están jubilando por la vía de los hechos las descargas ilegales, y por ello también el Canon Digital, tiendas de discos y productoras nacionales. Nadie se entretiene en copiar, nadie necesita una empresa o un intermediario con sede en España. El usuario se lo baja del proveedor y listo. El gran perjudicado de la ceguera de la industria española... son y serán ellos mismos.

 

¿Que hemos aprendido de ello? Sólo la copia masiva , económica y rentable es llave del éxito y la supervivencia.

 

Parecido camino seguirán los libros. Al tiempo. Es el tercer paquete.

 

El segundo paquete es el de las películas. Primer axioma que hay que asumir: Sólo tienen descargas las películas que son éxito de taquilla. Las demás... es que ni las encuentras. Y las películas que son éxito de taquilla... la gente, aunque las vea por ordenador... va a verlas. Y las que no interesan tanto, ya las verán por la tele o por el ordenador.

 

Los propios implicados, creadores e industria, reconocen que el gran problema del cine en España es que es, para todos, un negocio nada rentable. La gente prefiere una película americana antes que una española.

 

¿Que hemos aprendido también de ello? Sólo se valora lo que estás acostumbrado a consumir. Eso es llave del éxito y la supervivencia.

 

Pero el cuarto paquete, del que no se habla, es el de los derechos televisivos y ése sí es el caballo de batalla de “las Majors”, los grandes estudios y productoras americanos.

 

Expliquemoslo. Las televisiones de los “países colonizados” estaban acostumbradas a “comprar y doblar” series y películas. Esos sí son los grandes afectados en este momento, junto con las grandes productoras de películas americanas. De ahí la Ley Sinde.

 

Hasta ahora, las televisiones compraban a precio de oro “estrenas” de películas y series que exhibían y reciclaban... y volvían a exprimir. El ciudadano tenía que esperar a que las emitieran en algún canal de la cadena en cuestión y tragarse toda la publicidad. Esta es la base del concepto multicanal de TDT.

 

Hoy, los fans de las series, las visionan prácticamente en tiempo real, y en el idioma que sea, a su estreno en los canales norteamericanos... y cuando llegan a España... ya son viejas. Al igual que cuando íbamos a Perpignan, también se hacen maratones de usuarios y se aprovechan fines de semana para ver series completas, pero ahora en casa.

 

Lo mismo podría decirse de forma en que las televisiones nacionales que vienen forzadas a comprar las películas: a lotes, donde para poder estrenar un film de éxito vienen obligadas a adquirir a la multinacional de turno hasta 150 películas de nulo o bajo interés. Nulo o bajo interés, salvo que refuerzan el habito de consumo de los productos de “las Majors”.

 

Con las descargas eso se rompe.  

 

Por eso, en los foros de afectados ya se habla de la ley Sinde como la Ley anti “seriesyonquis”.

 

Y muchos, con evidente envidia, hablan del dinero que puede llegar a ganar esa empresa que tiene links de acceso a series y películas. Yo no sé lo que ganan... pero lo que si sé, que lo que puedan llegar a ganar, es seguro más de 100 veces inferior al los derechos de propiedad intelectual que retienen y acaban quedándose (unos 250 millones de Euros) las entidades de gestión al año por no haber “localizado” a los autores. Lo que también sí sé, es que el único interés de “las Majors” es eliminar toda competencia, ni que sea mínima que pueda producirse en un país.

 

Un detalle histórico. Cuando los aliados tomaron Roma en el 45, ésta se declaró “ciudad abierta” y por ello no fue bombardeada. Pero eso no es exactamente cierto. Sí hubo un bombardeo, uno solo. Tuvo como objetivo “cinecittà”. Los grandes estudios cinematográficos romanos.

 

¿Me entienden?

 

Josep Jover