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Cerebros según el sexo

Escrito por Mª Teresa Pascual Ogueta el 24/11/2015 a las 19:11:50
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(Ingeniera de Telecomunicación y escritora)

El artículo de Helena Ramalhinho publicado en Tecnonews hace unos días me ha llevado a leer, siguiendo el encadenamiento de referencias directas e indirectas, en The Economist (http://www.economist.com/news/science-and-technology/21591157-new-technique-has-drawn-wiring-diagrams-brains-two-sexes) el trabajo y las conclusiones de Ragini Verma de la Universidad de Pennsylvania.

 

Sex and Brains ¡Vive la différence! titula la prestigiosa revista The Economist el artículo con las conclusiones de la associate professor. De su estudio ella deduce, y nadie aparentemente la contradice, que las conexiones cerebrales son distintas en hombres y mujeres y eso explica las diferentes capacidades ¿Cómo ha llegado a ese resultado?

 

Ha utilizado una muestra de 428 hombres y niños y 521 mujeres y niñas.

 

¿Es suficiente esa selección de apenas un millar de individuos para que las conclusiones extraídas se puedan extender a todos los seres humanos? No, no lo es. El tamaño de la muestra es demasiado exiguo en relación con el universo objeto de estudio. Tampoco explica cómo se han elegido a las personas que han participado en la prueba. ¿Los participantes viven en la misma zona, el mismo país, el mismo continente? ¿Ha tenido en cuenta la investigadora el entorno cultural, geográfico y social de los participantes? De las conclusiones a las que llega la investigadora surgen algunas preguntas sobre cómo ha llevado a cabo el estudio.

 

¿Las conexiones cerebrales son iguales en todos los hombres y en todas las mujeres independientemente de su cultura, la actividad que desarrollan y el entorno social donde se desenvuelven? ¿Las conexiones cerebrales son iguales también independientemente de su formación, actividad y cultura de procedencia? A la vista de esta falta de datos ¿Cómo se puede dar pábulo a un trabajo tan pobre y poco riguroso?

 

Pero hay más. Según sus observaciones, las niñas y los niños menores de 12 años tienen las mismas conexiones cerebrales. De acuerdo con ello la investigadora concluye que esto demuestra que las diferencias no son congénitas. A continuación, en un alarde imaginativo, deduce que esto viene a confirmar que cuándo empiezan a actuar las hormonas sexuales, el cerebro se empieza a diferenciar. Es decir, según su punto de vista, las hormonas sexuales moldean la forma en que se establecen las conexiones cerebrales.

 

Si el trabajo tuviera rigor científico, que no lo tiene,  y la muestra fuera la adecuada para el universo que se quiere analizar, que no lo es ¿No habría otra forma de interpretar las razones por las que las conexiones cerebrales son distintas según el grupo humano  que se analice?

 

El cerebro es de una gran plasticidad. «Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro». Dijo el premio nobel Ramón y Cajal. Si las conexiones cerebrales no son congénitas ¿no será que las mismas dependen de cómo se comporta la persona? ¿De cómo utiliza su cerebro, de la formación que ha recibido, de cómo vive? Parece que las conexiones cerebrales son la consecuencia y no la causa.

 

Desde que nacen la niña y el niño reciben mensajes e imposiciones que van moldeando su cerebro, que dan lugar a sus creencias y a su forma de ver el mundo. Después, en la medida en que la sociedad en la que crecen les permita el libre albedrío, irán configurando una forma propia de ser y de actuar y su cerebro también irá cambiando. No a todos se les tolera, sean ellas o ellos, la libertad  suficiente para que se desarrollen como personas  de acuerdo a sus capacidades y deseos. En nuestra sociedad occidental, tan aparentemente libre y desprejuiciada, la pregunta más habitual cuando se compra un regalo para un recién nacido es “¿Es para un niño o para una niña?”. Así empieza primero la imposición del rosa o el azul, siguen después los juegos más adecuados según el sexo y el largo etcétera que ya conocemos.

 

Con frecuencia se pone sin ningún fundamento la etiqueta de científico y objetivo a determinados trabajos. Éste es, a mi modo de ver, uno de esos casos. La difusión de este estudio es dañina porque  muestra como verdad avalada por la ciencia, que la situación de las mujeres no puede cambiar como colectivo porque la desigualdad no está en la sociedad y en sus prejuicios, sino en las hormonas sexuales que modifican la forma de trabajar del cerebro. El hecho de que la investigación se haya realizado  en una universidad estadounidense y sus resultados publicados en una prestigiosa revista, le añaden un plus de credibilidad que no merece. O quizá son la universidad y la revista las que las que tienen también un prestigio exagerado.