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Acelera el cambio o muere

Escrito por Juan José López Jurado el 17/11/2015 a las 21:20:32
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(Consultor senior SingularNet Consulting)

Aún podemos oler los rescoldos que estos años brutales de crisis nos han dejado, aunque afortunadamente comienzan a verse claras señales de ánimo en muchos directivos y poco a poco se van dejando atrás amargos sinsabores y se van abriendo las  ventanas a brillantes amaneceres.

 

Más que nunca en este siglo XXI, las nuevas tecnologías están alcanzando una trepidante velocidad y se nos viene encima una brutal transformación a las que las organizaciones deberán hacer frente. Ello hará más y más necesario el trabajo con las personas.

 

Para comenzar a entender este fenómeno recomiendo  leer a Salin Ismail en su escultural obra “Exponential Organizations: Why new organizations are ten times better, faster, and cheaper than yours (and what to do about it).

 

Para los que nos dedicamos a asesorar personas y organizaciones en la gestión del cambio, se abren inmensas posibilidades de actuación.

 

Voy parafrasear a Woody Allen, quien en una de sus películas, decía algo parecido a esto; el noventa por ciento en la vida es tan solo estar presente. Para la innovación y el cambio, el contar con la gente apropiada es probablemente el noventa por ciento del éxito. El diez por ciento restante es ayudarles  a comprometerse con ilusión en un nuevo proyecto.

 

Esto significa entender su experiencia personal.  Cambiamos cuando escuchamos y respondemos de diferentes maneras.  Cambiamos cuando podemos expresar en voz alta nuestros pensamientos y escuchamos los de aquellos cuyas acciones nos afectan.

 

Para gestionar el cambio son tres los componentes que necesitamos; liderazgo, oportunidades de negocio y las fuentes donde poder recuperar energía y mantener a las personas de la organización motivadas y activas.

 

Hoy quiero dedicar unos párrafos a la tercera dimensión.

 

Una simple observación; hay días en los que pensamos que hubiera sido mejor no habernos levantado de la cama y todo nos cuesta un tremendo esfuerzo, por el contrario,  hay días,  en que somos capaces de movilizar a un regimiento y nos sobra energía por todas partes.

 

Alguno de mis lectores estarán  familiarizados con la obra de Claes Janssen y su famosa y sencilla teoría de “The Four Rooms of Change” conocida más coloquialmente por “The 4-rooms apartment”.

 

Janssen (1996), ha diseñado una sencilla herramienta que nos permite, en cada organización,  visualizar donde se encuentra la energía. Cada persona, grupo, división o departamento, vive en una de estas cuatro habitaciones.

 

Cada una de las cuatro habitaciones representa cuatro diferentes fases de un proceso cíclico. Nos movemos de habitación en habitación dependiendo de nuestras diferentes percepciones de la realidad, sentimiento o reacciones ante diferentes sucesos o noticias del día a día. Cada movimiento, cada intención de pasar a cada una de las diferentes habitaciones representa un esfuerzo importante, inseguridad y a veces dolor. Al fin y al cabo el cambio es “una pequeña muerte”. Dejar atrás el pasado para actualizar un futuro deseado.

 

¿Cuáles son estas cuatro habitaciones? Cada una tiene su nombre y en este caso me permito hacer una traducción libre.  Complacencia, Negación, Confusión y Resurgimiento.

 

Nuestras  emociones y conductas se mueven hacia arriba o hacia abajo, es decir de una a otra habitación dependiendo de la presión exterior.

 

La cantidad de energía poseemos para soportar y comprometernos con nuestro proyecto depende de, en cuál de las cuatro habitaciones nos encontremos.

 

En Complacencia, nos gusta el status quo. Nos sentimos bien, satisfechos y realistas. Cualquier cambio; un nuevo líder,  una fusión, una crisis de mercado, un nuevo sistema, cualquier alteración en definitiva nos lleva de cabeza a la siguiente habitación.

 

Negación, en esta somos percibidos como insensibles, asustados, con miedos, la mayoría de las veces de una manera inconsciente y sin darnos cuenta de ello. Permanecemos en ella hasta reconocer o responsabilizarnos de nuestros miedos y ansiedad.  Este reconocimiento – si llega-  nos lleva directos a la siguiente estancia,  Confusión. Aquí somos vistos y sentidos,  como inseguros, aislados, “a lo nuestro”. Revolcándonos en nuestra confusión, organizando  y revisando pequeñas partes de nuestras vidas a veces abrimos la puerta a la siguiente pieza, Resurgimiento. Es sólo aquí donde nos verán y nos sentiremos abiertos, más genuinos, capaces de arriesgarnos.

 

Cualquier proyecto nuevo o tarea, en alguna manera, puede sacudir a la gente que está en la fase de Negación. El movimiento hacia  Resurgimiento,  está siempre lleno de incertidumbres.  Ninguno de nosotros está libre de sufrir la ansiedad y el desaliento que produce estar dentro de un cambio estresante.

 

Cada miembro de la organización en su medida necesita apoyo para estar en la fase donde se encuentre, no caben las amonestaciones para que se mueva con prisas y cambie antes. No sirve de nada.

 

Un gran pensador del arte de la dirección, Tannenbaum, escribía “Los directivos deben estar profundamente sensibilizados a los efectos que acarrearían  el sancionar procesos dentro de la propia organización,  que puedan liberar impredecibles y las mas de las veces, poderosos sentimientos”.

 

Aunque profundizaremos más en el próximo artículo,  ¿Qué hacer en cada una de las cuatro estancias? Jassen nos ofrece algunas pistas. En Complacencia, “Qué bien nos va” deja a la gente estar, a menos que se incendie el edificio.

 

Una habitación complicada y que nos gusta a los consultores es la de Negación - ¿Yo preocupado? ¿Qué me dices?-

 

En esta fase, haz preguntas, da apoyo, deja que surja poco a poco la conciencia de cambio. No dar consejos, en esta fase no vale de nada y nadie te va a escuchar.

 

Sabemos bien lo que se grita en la fase de Confusión, “Qué desastre, todo está mal”. ¡Ayuda! En esta fase son bienvenidos los consultores. Centra a la gente en el futuro, estructura las tareas. ¡Mantén a todo el mundo unido!.

 

Ya sabemos que si somos capaces de gestionar la ansiedad y el miedo es posible que se abran las puertas de la última habitación. En Resurgimiento “Tenemos grandes y muy buenas ideas”.  Ofrece ayuda para implantarlas, sin más.