Tarde o temprano tenía que pasar: alguien ha puesto al mando de un negocio a una inteligencia artificial, a cuyas órdenes están supeditados los empleados humanos, que realizan tareas limitadas a cosas como la recepción de envíos y la reposición de productos en los lineales. El mundo al revés, pero… ¿tiene sentido?
Bautizada como Andon Market, esta tienda abrió sus puertas el pasado 1 de abril en el barrio de Cow Hollow, en San Francisco (dónde, si no, en el corazón del Silicon valley), y es fruto de Andon Labs, precisamente una firma especializada en automatizaciones industriales mediante inteligencia artificial. El pasado año, esta startup ya había puesto en marcha una máquina expendedora gestionada mediante IA.
En el local se vende una curiosa mezcla entre juegos de mesa, velas, café, chocolate artesanal, papelería, sudaderas con la marca propia de la tienda, y láminas artísticas personalizadas, aunque para lo que nos ocupa, lo que se vende es lo de menos, y lo más importante es el experimento que lleva a cabo.
Andon Labs firmó un contrato de alquiler de tres años, dotó al sistema con un capital inicial de 100.000 dólares, le facilitó acceso a una tarjeta de crédito y le encomendó la misión de poner en funcionamiento el comercio y obtener beneficios.
Según ha explicado a USA Today Lukas Petersson, cofundador de la empresa, la firma del contrato del local fue prácticamente la única intervención humana imprescindible, ya que, en todo lo demás, el agente actúa con plena autonomía.
Luna, que es como en Andon han bautizado a la inteligencia artificial, ha asumido tanto las decisiones operativas como las creativas del negocio, definiendo el catálogo de productos del establecimiento. No deja de ser curioso que entre los productos a la venta, encontremos libros sobre los riesgos derivados del desarrollo de los sistemas de inteligencia artificial avanzados, entre ellos obras como The Singularity Is Near, de Ray Kurzweil, o Superintelligence, de Nick Bostrom.
Estas últimas elecciones, reconocidas por el propio agente como una paradoja deliberada dentro de un comercio cuya identidad de marca descansa precisamente en su naturaleza algorítmica, ha llamado la atención de algunos visitantes, según explican en el USA Today.
Luna también se ha encargado de seleccionar la música ambiental, diseñar el logotipo y coordinar la ejecución del mural pintado en el interior del local. Los clientes pueden, así mismo, comunicarse con el agente mediante un teléfono de cable instalado en el establecimiento, mientras que el proceso de pago no requiere la intervención del personal.
La plantilla humana de la tienda está formada por dos personas reclutadas por el propio sistema mediante un anuncio publicado en la plataforma online Indeed.com.
Como preguntaba al principio ¿tiene sentido todo esto? Sin lugar a dudas, cualquier prueba es lícita, pero el papel de actor secundario de las personas que trabajan en esta tienda, debería hacernos reflexionar.