La cooperativa de telecomunicaciones éticas Somos Conexión destaca que la hiperconectividad y el uso intensivo de pantallas se han consolidado como un factor de riesgo creciente para la salud mental y el bienestar psicológico, especialmente entre niños, niñas y adolescentes. Más allá del acceso a la tecnología, el modelo actual de consumo digital está generando efectos adversos que ya son reconocidos por organismos internacionales de salud y protección de la infancia.
En un contexto en el que el uso de dispositivos digitales forma parte central de la vida cotidiana, diversos estudios oficiales señalan una relación significativa entre el uso problemático de pantallas y el aumento de síntomas de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y dificultades en la regulación emocional. La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del estudio internacional Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), indica que más del 11% de los adolescentes europeos presentan comportamientos problemáticos asociados al uso de redes sociales, y que un 36% mantiene una conexión casi constante, lo que se asocia a un menor bienestar psicológico y social.
A nivel global, el informe “Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital” de UNICEFadvierte que un 5,7% de niños y adolescentes presenta un uso de pantallas que interfiere de forma directa en su vida diaria, afectando a su bienestar emocional, a sus relaciones personales y a su salud mental. El informe subraya que no es únicamente el tiempo de uso lo que genera impacto, sino la presión constante por estar conectados y la dificultad para desconectar.
En el caso de España, aunque el acceso a dispositivos digitales y a internet es mayoritario entre la población menor de edad, distintos estudios epidemiológicos y de salud pública muestran una correlación entre el uso intensivo de pantallas —especialmente por encima de las cuatro horas diarias— y un mayor riesgo de ansiedad, depresión, problemas de atención y trastornos del sueño. “Estas evidencias refuerzan la necesidad de acompañamiento y educación digital, ámbitos en los que desde Somos Conexión desarrollamos iniciativas prácticas para favorecer un uso saludable de la tecnología”, destaca Mercè Botella, fundadora de la operadora de telefonía ética Somos Conexión.
“El acceso a la tecnología no garantiza por sí solo una relación saludable con el entorno digital”, afirma la fundadora de Somos Conexión. “La hiperconectividad constante, el diseño adictivo de muchas plataformas y la normalización del estar siempre disponibles están teniendo un impacto directo en la salud psicológica, especialmente en las edades más tempranas. No podemos seguir abordando esta realidad como una cuestión individual, sino como un fenómeno social y de salud pública”. “Por eso, desde Somos Conexión no solo informamos sobre los riesgos: realizamos pedagogía y dotamos de recursos a proyectos como ‘Crecer en un mundo de pantallas’, acompañamos a familias, centros educativos y otros proyectos comunitarios con herramientas concretas y productos adaptados para reducir el uso abusivo y prematuro de internet”.
La progresiva digitalización de los espacios educativos, sociales y de ocio ha convertido las pantallas en un elemento omnipresente desde edades muy tempranas. Cuando este uso se produce sin límites claros, acompañamiento adulto o herramientas de autorregulación emocional, los riesgos se amplifican y pueden reforzar situaciones de malestar psicológico, aislamiento social y dependencia conductual.
“Hablar de bienestar digital implica reconocer que no todo uso tecnológico es neutro”, concluye Botella. “Necesitamos una mirada crítica que ponga en el centro a las personas, especialmente a la infancia y la adolescencia, y que entienda la salud mental como un eje fundamental en cualquier modelo de conectividad”.