En realidad, los aviones de hélice no se han ido nunca de las flotas aéreas de los ejércitos del mundo, con nuevos desarrollos tras la segunda guerra mundial pese a la eclosión de los jets, como entrenadores o para operaciones de contrainsurgencia, destacando entre los aparatos modernos el Súper Tucano, un avión de la brasileña Embraer que opera con las fuerzas aéreas de los Estados Unidos, además de las del Brasil, Paraguay, Portugal, o Indonesia, e incluso con operadores militares privados como Constellis (anteriormente conocida como Blackwater).
El Shark es un avión ultraligero equipado con un motor de pistón en dos versiones, pudiendo elegir entre una potencia de 100 o de 126 caballos, con una velocidad máxima de 300 km/hora, y una autonomía de entre 1.958 y 3.889 km dependiendo de la versión, capaz de llevar una carga útil de entre 250 y 226 kg.
Evidentemente, y en la era de los aviones supersónicos furtivos, el Shark no dispone de la potencia ni de la capacidad de llevar armas como para enfrentarse a jets como el F-35 estadounidense, el Su-57 ruso, o el J-20 chino, pero es que su cometido no es ese, no es el de actuar como un avión de caza o en tareas de bombardeo, aunque es igualmente importante: debe interrumpir señales.
Equipado con toda una carga de electrónica, vuela cerca del campo de batalla, detectando la presencia de drones o misiles enemigos que empleen la señal de GPS (en el caso de Rusia, el sistema GLONASS equivalente) para posicionarse y, una vez detectados, lo que hace es interferir en dichas señales para desviar tanto a drones como a misiles.
Es cierto que estos aparatos pueden guiarse por un sistema inercial, y que la mayoría de ellos disponen de uno instalado para lidiar, precisamente, con estas circunstancias, pero también es cierto que un sistema inercial se vuelve menos preciso a medida que debe recorrer una mayor distancia, debido a la acumulación de errores. Y siempre es preferible que un dron o un misil impacten en un campo vacío, que en un edificio lleno de personas.
Para ello, su panoplia incluye un bloqueador de señal GNSS (tanto GPS como GLONASS), y un bloqueador de frecuencias de transmisión de vídeo y de control remoto, que son las que permiten a los operadores de los drones POV, dirigirlos a sus objetivos hasta el momento justo antes de impactar.
Según los datos técnicos disponibles, volando a una altitud de 1.800 metros, es capaz de crear una zona de interrupción de la señal de 4,5 kilómetros de radio (es decir, sobre unos 63 kilómetros cuadrados a su alrededor).
Por lo menos, uno de estos aparatos ya se ha entregado a las fuerzas armadas ucranianas, con otros pendientes.
El ejército ruso ha creado, a lo largo de estos años de conflicto y fruto de su experiencia, un escudo protector de amenazas que le llegan por aire, compuesto en varias capas por sistemas de defensa como el Pantsir, S-300, S-400 y S-500, que ha demostrado ser sobradamente efectivo, de forma que, por el momento, ni los F-16 recibidos por Ucrania han sido capaces de decantar la balanza en favor de su fuerza aérea en el campo de batalla.
Es poco probable que la llegada de los Shark tenga un impacto notable, pero seguramente colaborará a equilibrar un poco más las cosas.