A principios de este mes de septiembre Anthropic publicó un informe de seguridad revelando que algunos usuarios habían intentado emplear su modelo de inteligencia artificial Claude con el fin de realizar investigaciones biológicas. La compañía detalló cinco casos en los que científicos de países no identificados buscaron asistencia del programa para trabajos potencialmente relacionados con el desarrollo de armas biológicas.
Según la misma firma estadounidense, esta constituye la primera divulgación pública de evidencias de este tipo por parte de una organización privada.
Entre los ejemplos citados en el documento, encontramos intentos de diseñar genéticamente cepas más infecciosas del virus del chikungunya, y de adaptar la gripe aviar para facilitar su transmisión en mamíferos. La compañía también registró otro incidente relacionado con un orthopoxvirus no especificado.
Ante estos descubrimientos, Anthropic procedió a bloquear las cuentas implicadas e interrumpir sus actividades, argumentando que el uso indebido de esta tecnología en el ámbito biológico representa un riesgo grave que podría derivar en consecuencias catastróficas si no se aplican las precauciones adecuadas.
La publicación de estos datos ha provocado una clara división de opiniones entre la comunidad científica y la de la ciberseguridad. Algunos profesionales de la salud pública, que en el pasado asesoraron a la administración estadounidense, alertaron de que estos incidentes podrían ser el preludio de un desastre de gran magnitud si no se toman medidas preventivas de inmediato, interpretando los hechos como una advertencia crítica sobre los peligros de la expansión tecnológica.
Por otro lado, diversos investigadores consideraron que la reacción de la empresa podría resultar exagerada. Desde el ámbito de la virología se señaló que las consultas realizadas al sistema informático se asemejan al trabajo habitual de laboratorio, ya que implican el estudio de mutaciones presentes en la naturaleza y no la creación de elementos modificados peligrosos.
También recordaron que las instituciones estatales de múltiples países financian regularmente estudios sobre enfermedades infecciosas con fines de defensa, lo cual es una práctica habitual en la investigación gubernamental.
En esta misma línea, expertos en seguridad internacional subrayaron que, si bien la decisión de la compañía de actuar con cautela frente a señales preocupantes es comprensible, es fundamental evitar el alarmismo desmedido, argumentando que los casos descritos no demuestran de manera concluyente intenciones maliciosas ni la existencia de un programa armamentístico, y advirtieron sobre el error de confundir la investigación de doble uso científico con actividades estrictamente militares.
Finalmente, y desde el ámbito de la microbiología, se cuestionó la viabilidad de que los intentos bloqueados hubieran culminado en la obtención de armamento biológico funcional, sugiriendo que Claude apenas habría proporcionado orientaciones básicas. No obstante, estos mismos especialistas reconocieron que dichas acciones evidencian una intención real por parte de los usuarios, advirtiendo que, conforme la tecnología avance, esta podría facilitar el diseño de patógenos capaces de evadir tratamientos médicos o incrementar su nivel de contagio, planteando un reto a futuro para la regulación del sector.