Poco a poco, la aviación eléctrica parece ir abriéndose paso, aunque no al mismo ritmo que en la automoción, debido al distinto uso que hacemos de coches y aviones. Y si bien en los vehículos rodados, muchas personas los utilizan para trayectos cortos en ciudad, en el caso de un avión el trayecto más corto supera con creces los 100 km. Medidas de seguridad explican también esta poca penetración, algo que, en cambio, no se da en el caso de los drones, aparatos muy distintos en cometido y diseño al de los aviones de transporte de pasajeros o carga.
Heart Aerospace entregará, aproximadamente a partir de 2031, los primeros ejemplares del ES-36, un modelo de aeronave de transporte de pasajeros que funciona con propulsión híbrida, a partir de baterías y también con combustible aeronáutico convencional. Y la aerolínea regional estadounidense JSX ya ha hecho un pedido de cincuenta unidades, con opción a adquirir cincuenta más.
El sistema propulsor del aparato se basa en dos motores eléctricos de algo más de un megavatio y medio de potencia, que mueven sendas hélices. La autonomía en modo completamente eléctrico, utilizando baterías precargadas en tierra, alcanza los doscientos kilómetros, habilitando la cobertura de rutas de corta distancia sin requerir combustible.
Para trayectos de mayor duración y alcance, el diseño incorpora turbogeneradores accionados por turbinas de gas que amplían el rango de vuelo en modo híbrido hasta los 1.200 kilómetros, recargando los sistemas durante el trayecto para suplementar el empuje eléctrico.
Con una envergadura que ronda los veintinueve metros, el aparato está preparado para operar con una alta frecuencia en aeródromos con limitaciones de espacio de estacionamiento o de longitud de pista. La operativa en modo eléctrico evita las emisiones contaminantes locales y disminuye sustancialmente el impacto acústico, factores que resultan determinantes para posibilitar la apertura de nuevas conexiones directas desde aeropuertos comunitarios que están sometidos a normativas ambientales estrictas.
En comparación con su predecesor directo (el ES-30), el nuevo diseño incrementa la capacidad en seis asientos adicionales hasta alcanzar las 36 plazas para pasajeros, sumando un 20% más de volumen de carga útil sin alterar el peso máximo en el momento del despegue, ni el tamaño del sistema de almacenamiento de energía.
Esta optimización del espacio interior se deriva directamente de las pruebas realizadas con el prototipo de ensayos, permitiendo a los operadores dedicar más espacio a los pasajeros y la carga comercial, con unos costes de operación proyectados que resultan un 40% inferiores a los de las alternativas tradicionales, según apuntan desde la misma fabricante.
Con el fin de adaptar el nuevo avión a las necesidades concretas de la operadora, Heart Aerospace y JSX formaron un grupo de trabajo conjunto encargado de configurar la cabina, planificar las rutas, estudiar la adecuación de las infraestructuras aeroportuarias, y organizar los tiempos de recarga de las baterías en tierra.
La aerolínea gestiona actualmente más de medio centenar de aeronaves que conectan casi treinta instalaciones aeroportuarias de Estados Unidos y México, basando gran parte de su operativa en la agilidad del embarque mediante el uso de terminales privadas, con lo que consiguen prescindir de las largas comprobaciones de seguridad, además de permitir la recuperación del equipaje a pie de pista, ganando con ello la agilidad necesaria para hacer de la experiencia de uso del avión algo más parecido a la de un tren, con un embarque simple y rápido.
Desde la dirección de la fabricante se remarca que la adopción de esta aeronave reducirá notablemente los gastos operativos de las empresas de transporte en comparación con los modelos regionales impulsados por motores de combustión convencionales.