La alternativa lógica a Windows y, con ello, a una empresa estadounidense como es Microsoft, es Linux, un sistema operativo de código abierto y que, por lo tanto, se puede auditar, tomar, recompilar, y personalizar, que se adapta a necesidades concretas, y que dispone de una amplia base de software, también en código abierto, para cubrir cualquier necesidad que pueda surgir, además de ofrecer también las herramientas de desarrollo necesarias para crear el software a medida.
Es por ello que esta ha sido la plataforma elegida por el gobierno francés para sustituir a Windows en sus estaciones de trabajo y, con ello, ganar independencia de la industria tecnológica estadounidense.
Francia no es el primer país que apuesta por el sistema operativo del pingüino, ya que hace unos años, en Alemania se vivieron algunos intentos por parte de administraciones públicas para cambiar, con el caso paradigmático del ayuntamiento de Múnich que, en 2004, desarrolló una distribución propia del sistema, llamada LiMux, con la que inició la migración de gran parte del parque de ordenadores de los que disponía, más de 15.000 en total, aunque el proceso fue parado en seco y revertido a partir de 2017.
En España, el caso de migración más exitoso y difundido en los medios, fue el de la Junta de Extremadura que, con LinEx, inició un proyecto pensando en educación, y que acabó con un abanico de versiones para distintos ámbitos, aunque el proyecto finalizó en 2013.
En la empresa privada, las transiciones entre plataformas también se han dado, con el ejemplo paradigmático de Huawei, que migró sus smartphones de Android (aunque este, a su vez, basado en Linux) a HarmonyOS, su propia plataforma software, que también está presente en sus equipos informáticos, por lo menos, en China.
Y este mismo mes de abril, fue el ejecutivo francés el que comunicó la futura transición de ochenta mil puestos de trabajo de los trabajadores de la administración pública hacia Linux y herramientas libres. Este anuncio se alinea con las directrices previas destinadas a generalizar el uso de sistemas de videoconferencia no dependientes de tecnología estadounidense.
Estas políticas también se alinean con la voluntad de la Unión Europea de ganar independencia tecnológica respecto a los Estados Unidos y China, por lo que la medida podría acabar sirviendo de ejemplo y guía para que otros países den el mismo paso, aunque es probable que ello acabe dependiendo de la alineación política de dichos estados, y que sus respectivos gobiernos estén más cerca o más lejos de las tesis macronistas.
En una reciente reunión del gobierno francés se estableció una nueva metodología de trabajo que fomenta la creación de alianzas entre los ministerios, las entidades públicas, y el sector privado para fomentar el desarrollo y uso de software de código abierto que puedan compartir distintos ministerios, y la adopción de estándares de interoperabilidad técnica.