Pese a que Bill Gates dejó atrás sus obligaciones en Microsoft hace ya dieciocho años (en 2008), cuando abre la boca para hablar de tecnología, es casi obligado escuchar su voz, reflexionar sobre lo que dice y, luego -y de forma completamente lícita- discrepar de su opinión o mostrarse de acuerdo con él en mayor o menor medida, dada su privilegiada visión sobre todo aquello que se refiere a dicho ámbito a todos los niveles.
Esta vez, y a través de su blog personal, ha sido una reflexión sobre uno de los dos temas de moda en el mundo de la tecnología junto a la ciberseguridad: la inteligencia artificial. Gates ve en esta tecnología una gran oportunidad para que la humanidad disminuya la brecha entre pobres y ricos, pero también una arma de doble filo que, si no sabemos utilizar correctamente, puede ahondar en las diferencias entre clases sociales.
Y, spoiler: afirma que no vé a los líderes que tendrían que estar trabajando para aprovecharla, haciendo lo que deberían. Y pese a que el artículo entero es de obligada lectura para quien le interese el tema, haré aquí un breve ejercicio de sintetización de las principales ideas que expone el magnate filántropo.
Gates explica que, a lo largo de los últimos diez años, los sistemas automatizados han experimentado un progreso significativo que, a diferencia de innovaciones pasadas, ha permitido construir herramientas que funcionan en los dispositivos existentes, emplean lenguaje natural y se adaptan a los usuarios en vez de requerir que las personas deban adaptarse a ellas con una forma de trabajar y unos comandos determinados y, muchas veces, esotéricos.
Si bien actualmente los modelos de lenguaje siguen cometiendo fallos, los investigadores solucionan estos problemas velozmente mediante sistemas capaces de revisar y perfeccionar su propio trabajo, que se autocorrigen y se autoentrenan.
Esta adopción inicial ya afecta a los empleos administrativos, reduciendo las contrataciones de profesionales jóvenes en puestos susceptibles de ser reemplazados por máquinas, mientras que los empleados de mayor edad y experiencia mantienen por ahora sus posiciones.
Pese a esta evolución, Gates percibe una falta de preparación por parte de las autoridades frente a los grandes retos que presenta esta transición. Las motivaciones geopolíticas y financieras impulsan el desarrollo a máxima velocidad, dificultando la posibilidad de establecer un plan global para ralentizar estos adelantos, incluso cuando figuras del sector apoyarían una medida de este tipo si existiera una estrategia creíble.
Para finales de la presente década, Gates prevé que la robótica empiece a competir por la mano de obra humana en sectores que requieren esfuerzo físico, tales como la construcción o la hostelería. Esta tendencia se acelerará por la presión de los mercados, que obligará a las empresas consolidadas y a las de nueva creación a adoptar estas herramientas para abaratar sus gastos operativos y mantener la competitividad.
A medida que la precisión de los modelos de lenguaje de IA se vuelva casi infalible, profesiones en los ámbitos legal, de atención al cliente, médico, de desarrollo informático y manufacturero, sufrirán modificaciones profundas. Las consecuencias irán más allá de los sectores tecnológicos, generando una disminución de puestos de trabajo que requerirá replantear el funcionamiento de un sistema económico basado en el empleo como fuente de ingresos y cohesión social.
En un futuro, esta tecnología también facilitará la ejecución de ciberataques, fraudes y campañas de desinformación. Las infraestructuras críticas, que abarcan hospitales, entidades financieras y redes de suministro eléctrico, se enfrentarán a vulnerabilidades mayores debido a que los ciberdelincuentes obtendrán capacidades dañinas a un ritmo superior al de los mecanismos de defensa, afectando directamente a la población.
Gates no concluye su artículo con la afirmación de que la IA supone una gran oportunidad pero, también, una arma de doble filo, como he dicho antes, sino que dicha idea la expone hacia el principio de su disertación, aunque, sin duda, constituye un buen resumen del mensaje que el filántropo quiere dar. Y, la puya de que los que mandan tienen que empezar a coger el toro por los cuernos, sin duda deja deberes a los líderes mundiales a todos los niveles.