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¿Practicidad o principios?

Escrito por Eva Valls Garolera el 21/03/2019 a las 22:55:31
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(Estudiante de Ingeniería UPF)

A punto de irse a la costa para disfrutar del último fin de semana de calor que nos deja el verano, escribí estas líneas. Me acabo de hacer la maleta y lo que no puede faltar es un libro. ¿Qué haría yo tumbada en la playa sin una buena historia para perderme? Pero, el dilema universal: ¿Digital o en papel?

 

Por un lado, en un ebook puedo tener todos los libros que quiera lo que hace que no me tenga que decidir ahora. Otro punto a favor es que es delgado y ligero, así que no tendré que sentarme sobre la maleta para que cierre. Mi pareja no se molesta porque tenga encendida la lámpara cuando me engancho a la novela a altas horas de la noche (puedes ajustar la luz a tu gusto!). También puedo buscar palabras desconocidas siempre que tenga conexión a Internet. Tampoco queda ilegible si lo mojo al salir del agua. Además, no se deben talar árboles ni gastar agua para fabricarlos, así que parece que favorece al medio ambiente, ¿no?

 

Por otro lado, si las plantaciones de donde se extrae la madera están bien gestionadas (tienen el certificado FSC), entonces el papel es un recurso renovable, un almacén de carbono y es reciclable varias veces¹. Zas! Punto a favor para el libro en papel. También hay que destacar que en este formato es mucho más difícil hacer un copia ilegal o no autorizada. Además, después de comprar uno, ¿quién no la ha abierto por la mitad y lo primero que ha hecho ha sido olerlo? Un placer indescriptible para los amantes de la lectura. Con un libro digital esto es inimaginable. Ya no tienes excusa para adentrarte en una librería, leerte cada uno de los títulos y sentir el tacto del lomo a tus dedos. Pues la estructura de un libro no se consigue digitalmente: el planteamiento, descubrirlo en un pequeño antro del Raval; el nudo, sumergirse en ella y pasar de página con pesar por no querer llegar al final; el desenlace, cerrar la contraportada y sentirte vacío. No puedo cerrar los ojos y pensar en un mundo donde no haya estanterías llenas de libros, donde no puedas recorrer cada uno con la mirada y sentir lo que te ha aportado cada trozo de papel. No puedo dejar olvidados los personajes en un espacio de memoria a un clic de ser borrados.

 

Llaman al timbre. Hora de irse. Me he de decidir. Cierro la maleta sin ningún esfuerzo. Como el 76,3% de la població², he sucumbido a la practicidad del mundo digital para con los principios sentimentales y morales.