Actualizado el 22/11/2017

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MUSICA Y NEUROCIENCIA: un paso más en el conocimiento del ser humano
Escrito por Jordi Àngel Jauset el 25/09/2012 a las 10:38
(Profesor e investigador. Gestión de la calidad e innovación docente)

Lo que hace tan sólo unos pocos años era considerado pseudocientífico, a pesar de que sus orígenes se citan en las antiguas culturas y civilizaciones milenarias, hoy día está avalado por los resultados de numerosas investigaciones lideradas por equipos profesionales multidisciplinares de universidades y centros públicos y privados de todo el mundo.

 
Puede sorprender la necesidad de que existan estudios que corroboren aquello que la mayoría de nosotros, por no decir todos, hemos experimentado alguna vez. ¿Quién no se ha emocionado o ha modificado su estado de ánimo escuchando su canción favorita? ¿Quién no ha seguido un entrenamiento físico escuchando música a todo ritmo mejorando su rendimiento? ¿Quién no ha experimentado una mejora de su bienestar después de cantar en grupo? Soy de la opinión de que no es imprescindible que un hecho sea demostrado científicamente si a nivel personal se experimentan sus efectos, aunque el inconveniente será que no podré extrapolar dichos resultados y de ahí, entre otras, la necesidad de la metodología científica.
 
Las técnicas de neuroimagen que se desarrollaron hace unas tres décadas han sido cruciales en los avances de la neurociencia, pues  permiten el acceso visual al interior de nuestro cerebro ante cualquier tipo de estímulo y, en el caso particular que nos ocupa, mientras escuchamos música. Así, pueden detectarse las zonas o áreas cerebrales más activas, midiendo la variación de flujo sanguíneo o de consumo de  oxígeno, e identificar las redes celulares conectadas, formadas por millones de neuronas, mostrándose los procesos neurales que subyacen mientras se desarrolla dicha actividad. Podremos visualizar, también, utilizando marcadores radioactivos y las técnicas de Tomografía por Emisión de Positrones (PET), qué ocurre con el metabolismo cerebral, por ejemplo si aumenta o disminuye la segregación o recaptación de determinados neurotransmisores facilitando una explicación neuroquímica adicional a las respuestas observadas.
 
Es evidente que la música cambia nuestra bioquímica cerebral: se activan conexiones neuronales, se segregan neurotransmisores, hormonas y endorfinas, se modifica nuestro ritmo cardíaco y respiratorio, se estimulan determinados centros de control como el hipotálamo, que se encarga de regular aspectos cruciales e importantes de nuestro organismo como la temperatura corporal y,... todo ello por el simple hecho de "escuchar" música. En principio puede parecer algo asombroso. Y, efectivamente, lo es. Aunque los ingenieros o los físicos lo tenemos más fácil para que no nos sorprenda, al menos en su proceso inicial, por los conocimientos de acústica adquiridos en su día. Sabemos que la música es el resultado de una percepción. Su origen es un movimiento vibratorio, una variación de la presión atmosférica, cuya energía acústica es captada por el sistema auditivo y transducida en energía eléctrica (potenciales de acción) que el nervio auditivo conduce hasta el área auditiva primaria de ambos hemisferios cerebrales. A partir de aquí el mecanismo biológico es muy complejo y aún no totalmente conocido. La neurociencia desconoce cómo se produce el paso de lo tangible (procesos bioquímicos) a lo intangible (percepción) aunque sí puede explicar cuáles son los distintos mecanismos neurales que intervienen en la "decodificación" de los parámetros musicales.
 
Sin duda alguna un estimulante campo para los científicos, para los amantes de la música y para todos aquellos que les apasione profundizar en el conocimiento del cerebro que, en definitiva, no deja de ser el camino de la eterna búsqueda para conocernos mejor como seres humanos.
 
Jordi A. Jauset Berrocal
Dr. en Comunicación e Ingeniero de telecomunicación
Master en Psicobiología y Neurociencia cognitiva




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