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MUSICA Y NEUROCIENCIA
Escrito por Jordi Àngel Jauset el 07/04/2010 a las 00:59:28
(Profesor e investigador. Gestión de la calidad e innovación docente)

Todos los seres humanos "sentimos" la música. Es algo innato o genético, de forma similar al lenguaje, pues somos seres musicales y respondemos claramente a sus estímulos. La música, no lo olvidemos, es la percepción derivada de estímulos vibratorios en el margen audible, que provocan una diversidad de respuestas cognitivas, emocionales y motoras. En función de cómo sean dichos estímulos y en base a nuestras experiencias personales, respondemos principalmente con emociones que, actuando sobre el sistema nervioso central, nos afectan plenamente. Todos sabemos, por experiencia, qué música nos va bien y cuál necesitamos en cada momento. Si estamos practicando ejercicio físico, elegimos preferentemente música alegre y rítmica de nuestro grupo predilecto; si nos disponemos a leer, estudiar o redactar el informe que tenemos que entregar en la próxima reunión, seleccionaremos una música más armónica y menos estridente. Si por el contrario deseamos relajarnos y desconectar de la rutina diaria después de una agotadora jornada laboral, no cabe duda de que la música que escogeremos será aquella que nos ayuda a alcanzar ese estado. Consciente o inconscientemente sabemos, pues, cómo nos afecta la música. Aunque estadísticamente nuestro cerebro responde globalmente de forma similar bajo determinados patrones, existen diferencias individuales, como las debidas a nuestras experiencias, cultura y entorno, que impiden disponer de un "recetario" o farmacopea musical. Esas características personales son fundamentales para una correcta aplicación terapéutica de la música. En numerosos estudios e investigaciones se ha comprobado que la música que nos gusta es, precisamente, la que nos aporta determinados beneficios. Por ejemplo, ésta es capaz de favorecer nuestra recuperación en un hospital después de una intervención quirúrgica; o reducir la sensación de dolor disminuyendo, por tanto, la dosis necesaria de analgésicos: "Media hora de música clásica produce el mismo efecto que diez miligramos de Valium" afirma el doctor Raymond Bahr, director de la unidad coronaria del Hospital Saint Agnes de Baltimore, efectos que también han sido corroborados en el Hospital Universitario de la Mútua de Terrassa por el anestesiólogo Dr. Pere Berbel. Estos efectos, constatados en las últimas décadas por los neurocientíficos son algunos de los que constituyen la base del potencial terapéutico de la música. De hecho, desde la antigüedad y en cualquier rincón del planeta, todas las culturas han atribuido a la música un papel primordial y beneficioso para la salud. De Siberia a Sudamérica, pasando por Asía, África y Oceanía, todas las tradiciones, se han basado en la capacidad terapéutica del sonido y la música aunque no dispusieran de la tecnología y conocimientos que permitieran "ver" y "explicar" que ocurría. Simplemente lo experimentaban y no se preguntaban el cómo ni el por qué. No obstante, la música también puede ser utilizada con fines perjudiciales, nada deseables. Puede alterar nuestra conducta y llegar a ser, incluso, un instrumento de tortura física y psíquica. La industria del cine, la publicidad y las grandes cadenas comerciales, entre otros, son conscientes de sus posibilidades, pues conocen los efectos manipuladores sobre los potenciales consumidores. Palabras con imágenes y música pueden actuar sobre las emociones, como hemos comprobado multitud de veces en las bandas sonoras de determinadas películas, y es conocido que los establecimientos comerciales se sirven de determinadas composiciones musicales que favorecen los impulsos de compra en los consumidores. En casos extremos, la música se ha utilizado en establecimientos penitenciarios militares (Guantánamo, Afganistán, Israel, Reino Unido) como instrumento de tortura: una canción aunque sea de nuestro agrado si se repite 24 horas a un volumen de 150 dB puede volvernos locos si es que nuestro tímpano aguanta... El cerebro es la clave del conocimiento del ser humano. A medida que se conozca su funcionamiento, se entenderán los mecanismos que explican la influencia del sonido y de la música en nuestro cuerpo, en nuestras emociones, en nuestra mente y en nuestro espíritu. Será un excelente medio para llegar a entender los misterios de nuestra especie, y llegado ese momento, quizás sería rozar la perfección. Tal como auguró el célebre médico Alexis Carrel "De todas las cosas que el hombre conocerá, la última probablemente será él mismo", ¿ocurrirá así? Jordi A. Jauset Ingeniero de Telecomunicación Doctor en comunicación, investigador y músico Autor del libro "Música y neurociencia: la musicoterapia" (UOC, 2008)




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