Como trabajadores, la inteligencia artificial (IA) ha llegado, en teoría, para simplificarnos la vida y hacernos más productivos sacándonos de encima las tareas más repetitivas y burocráticas, permitiéndonos centrarnos en el apartado más creativo y de valor añadido de cualquier tarea. No obstante, a la práctica esto no está resultando así; es más, parece que hay una suerte de efecto contrario que lleva a que algunos trabajadores, enfrentados a la presión del trabajo extra que les produce la introducción de la IA en la organización, acaben ‘quemándose’ (burnout).
Así lo revela el estudio From Burnout to Balance: AI-Enhanced Work Models, llevado a cabo por Upwork, consultora especializada en formas de trabajo, para la confección del cual ha realizado entrevistas a 2.500 ejecutivos, empleados a tiempo completo y freelancers en Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá. Cómo vemos, todos ellos pertenecientes a países anglosajones, por lo que podemos considerarlo sesgado desde la perspectiva de los países que no estamos en dicha órbita, aunque ciertamente podemos extraer conclusiones útiles de él.
Las expectativas de los ejecutivos sobre la capacidad de la IA para mejorar la eficiencia son altas; el 96% espera que el uso de estas herramientas permita incrementar la productividad general de la empresa. Sin embargo, para muchos trabajadores, el camino hacia el valor añadido no está claro, y algunos dicen que la IA podría incluso dificultar su trabajo.
El 81% de los ejecutivos espera que, durante el próximo año y gracias a la IA, los trabajadores incrementen su producción (37%), amplíen sus habilidades (35%), asuman una gama más amplia de responsabilidades (30%), vuelvan a la oficina (27%), trabajen con mayor eficiencia (26%) y trabajen más horas (20%).
Por su parte, un 71% de los empleados manifiesta que se siente agotado con la introducción de soluciones de IA en sus respectivas empresas, con un 65% afirmando que tienen dificultades con el aumento de las demandas de sus jefes.
Uno de los motivos para este burnout lo podemos encontrar en la formación para afrontar la introducción de soluciones de IA: solamente el 26% de los ejecutivos encuestados, afirma que su empresa dispone de programas de capacitación en IA para su fuerza laboral, y solamente el 13% informa de una estrategia de IA bien implementada en su organización. La velocidad y escala del crecimiento de la IA generativa han sorprendido incluso a los tecnólogos más recalcitrantes.
En estas circunstancias, la mayoría del uso de la IA parece estar emergiendo desde abajo, desde los propios trabajadores, y los ejecutivos están ansiosos por canalizar este entusiasmo. Entre las demandas que los ejecutivos han impuesto a los trabajadores en el último año, tenemos la solicitud de que usen herramientas de IA para aumentar su producción, en distintos grados según la empresa.
El estudio concluye con tres sugerencias para los empleadores y ejecutivos de las empresas en lo que respecta a facilitar la adopción de IA en sus respectivas organizaciones para contribuir a su productividad global:
- Aprovechar el talento no tradicional: comparado con los empleados en nómina, en los EEUU hay más contratistas autónomos (freelancers) que afirman estar preparados para la IA. El 48% de los ejecutivos entrevistados afirmó haber contratado a estos perfiles para ejecutar, a lo largo del último año, proyectos de IA que iban con retraso.
- Cocrear medidas de productividad: el 54% de los empleados informa que su empresa no tiene una imagen precisa de su productividad. Los trabajadores que dicen luchar por mantenerse al día con las demandas de productividad de su organización son evaluados con mayor frecuencia en función de la velocidad y la eficiencia.
- Centrarse más en las habilidades (skills): la introducción de la IA en las organizaciones ha comportado la urgencia para avanzar hacia enfoques basados en habilidades, centrándose más en encontrar, desarrollar y recompensar habilidades, en vez de los roles laborales tradicionales y convencionales.
Como resumen de todo, podemos afirmar que para hacer explotar el potencial que nos ofrece la IA en una organización empresarial, debemos cambiar fundamentalmente la forma en la que organizamos el talento y el trabajo, equilibrando la productividad y el bienestar, lo cual requiere nuevos métodos de trabajo. Hacer más con menos, ignorar los talentos alternativos y mantener la medición de la productividad de arriba hacia abajo simplemente no funcionará en la era de la IA.
Y esto va en contra de lo que actualmente están proclamando muchos CEOs en las empresas, que se esmeran con las políticas de hacer más con menos. Un informe de McKinsey resalta esta tendencia con una cita de un CEO que resume el sentimiento general: “Actuar temprano para reducir costes y proteger el balance para estar fuertes cuando la economía mejore”.
La IA puede desempeñar algo parecido a este papel, pero necesita de formación para quien debe utilizarla, y un plan razonable y estructurado de introducción en la organización.