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Hacia un nuevo modelo de organización profesional de la ingeniería

Escrito por Jordi Berenguer el 05/09/2017 a las 20:53:49
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(Director EPSC-UPC)

El próximo mes de octubre se cumplirán diez años de la implantación del Real Decreto 393/2007 por el que se estableció la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales en España, consecuencia del proceso de adaptación al Espacio Europeo de la Educación Superior (EEES), también conocido por el plan Bolonia.

 

Con ello se reemplazó la antigua ordenación académica existente en base a diplomaturas, arquitectura e ingenierías técnicas de tres años, y de licenciaturas, arquitectura e ingenierías de cinco años, por grados de cuatro años y másteres de uno o dos años, respectivamente. Además, también supuso en el caso de la ingeniería y la arquitectura, la ruptura de la coincidencia existente hasta entonces en la denominación del título académico con la del título profesional al que habilitaba en las titulaciones de grado, pero no en las de máster universitario en las que se mantuvo la reserva de nombre.

 

En consecuencia, cada universidad pudo proponer distintas titulaciones de grado, que, cumpliendo con los requisitos fijados por el Ministerio y con nombres distintos, habilitaban para el ejercicio de la misma profesión de ingeniero técnico. Éste sería el caso por ejemplo del grado en ingeniería telemática, o del grado en ingeniería de sistemas audiovisuales, que ambos habilitan para la profesión de ingeniero técnico de telecomunicación. Sin embargo, las titulaciones de master universitario habilitante, además de cumplir con los requisitos fijados por el Ministerio, debían incluir en el título el nombre de la rama de la ingeniería a la que habilitaban. De este modo y en cada rama de la ingeniería, a la profesión de ingeniero técnico se accede desde diversos grados habilitantes, aunque con nombres distintos, mientras que a la profesión de ingeniero sólo se accede desde un máster habilitante con el mismo nombre.

 

Si tenemos en cuenta que en el ámbito de la ingeniería el número de titulados de grado es sensiblemente mayor que el de titulados de master universitario –según datos estadísticos de la UPC en el curso 2015/2016 se titularon 2.514 graduados en el ámbito de la ingeniería, frente a 687 titulados de máster universitario oficial, no todos ellos habilitantes– en pocos años se va a producir un cambio generacional en el que van a coexistir un gran número de graduados con habilitación profesional frente a un menor número de titulados con máster habilitante.

 

Asistiremos a un escenario en que las denominaciones históricas de las nueve ramas con atribuciones profesionales de la ingeniería española –aeronáuticos, agrónomos, caminos, industriales, ICAI, minas, montes, navales y telecomunicación– van a seguir identificando y aglutinando a los titulados de más edad –entre los cuales ya me incluyo–, mientras que los jóvenes graduados encontraran más dificultad en identificarse con estas denominaciones, no tanto por la diversidad en la denominación de su titulación académica, como por la cada vez mayor interdisciplinariedad de la ingeniería, que difumina algunas de las fronteras entre dichas especialidades y convierte en transversal, aún sin atribuciones profesionales, a muchas de ellas.

 

En mi opinión el factor aglutinador de los nuevos ingenieros no va a ser la denominación de la titulación académica ni la rama de la ingeniería a la que pertenecen, si no el sector de actividad en el que profesionalmente se desarrollen. En poco tiempo veremos cómo los nuevos ingenieros se agruparán y organizarán alrededor de sectores como el de la energía, el transporte, las infraestructuras, el agroalimentario, el medioambiental, el de los materiales, o el ya plenamente consolidado sector de las TIC, para dar respuesta de forma natural a la realidad de la ingeniería actual.

 

Consecuentemente las organizaciones de los profesionales de la ingeniería en el siglo XXI girarán alrededor del sector de actividad y no como hasta ahora, alrededor del nombre de la titulación profesional obtenida. Todo ello vendrá además reforzado por la consolidación de las agencias de cualificación de los profesionales de la ingeniería, que como la AQPE, evalúan y certifican la capacitación profesional de los ingenieros en función de la actividad profesional que han desarrollado en uno o varios sectores de actividad, y que por qué no, puede ser distinta de la en que se graduaron.

 

Estamos ante un cambio de paradigma en la organización de los profesionales de la ingeniería, en el que el denominador común va a ser la palabra ingeniero, y la singularidad vendrá dada exclusivamente por el sector de actividad, eso sí, convenientemente acreditado.

 

Jordi Berenguer i Sau

Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

Exdirector de la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación y Aeroespacial de Castelldefels. (UPC).